sábado, 10 de agosto de 2013

CAPÍTULO II


CAPÍTULO II

JESÚS VISTO

POR CRISTIANOS, JUDÍOS Y MUSULMANES

 

     Al final del encuentro celebrado a finales de julio del 2007 durante el cual se habló de las Tres religiones monoteístas y el diálogo interreligioso, se decidió la continuidad de este tipo de encuentros y varios de los asistentes propusieron como tema para el siguiente curso: “La figura de Jesús vista por las tres religiones monoteístas”. Cualquier persona inteligente reconoce sin dificultad la importancia de este personaje y del cristianismo para la justa comprensión de la historia de la civilización occidental y del mundo entero durante los últimos veinte siglos. La lectura e interpretación de la persona de Jesús desde cada una de las tres religiones monoteístas puede significar un destacado aporte al diálogo interreligioso y con ello crear un ambiente social decisivo para la causa de la justicia y la paz en nuestro mundo convulso, tenso y violento. La dimensión religiosa del hombre es un aspecto constitutivo de la naturaleza humana y cuando no se lo conoce bien, se lo interpreta mal o se hace uso indebido del mismo, el ser humano se desfonda y la vida social se perturba.  La celebración del presente encuentro tuvo lugar durante los días 28-31 de julio de 2008 organizada por la Cátedra Sto. Tomás en Ávila. A continuación voy a intentar destacar las ideas troncales de los discursos presentados seguidas de unas breves reflexiones personales mías sobre el contenido y significado global del evento.

     1. Presentación

     Marcos Ruíz, O.P, en sus palabras de presentación del curso destacó el hecho de que el número de personas presentes había desbordado todas las previsiones. Lo cual demuestra que cuando hay un proyecto serio para hablar de Jesucristo nadie permanece indiferente como si de un asunto sin importancia se tratara. Así las cosas, expresó su deseo de que el propio Jesús nos acompañara durante las sesiones que daban comienzo entorno a su persona. A continuación tomó la palabra el Vicario Pedro Juan O.P, el cual dio las gracias a los organizadores del curso y a la numerosa audiencia que estaba allí con la ilusión de tomar parte activa en un tema tan vital para la vida de las personas y de la convivencia social. Manuel Reyes Mate enfatizó el hecho de que en un tiempo de laicismo militante como el nuestro, en que se trata de marginar el fenómeno religioso relegándolo a la esfera de la vida estrictamente privada, se estuviera produciendo un renacimiento constante del interés público por los temas religiosos como ponen de manifiesto los numerosos encuentros de esta naturaleza que se están produciendo en diversas partes del mundo. Se siente por doquier la conveniencia de repensar el rol social de las religiones con vistas a crear un ambiente social más favorable a la paz y la felicidad humana. Seguidamente Felicísimo Martínez O.P, recordó los criterios fundacionales de la “Cátedra Santo Tomás” destacando la importancia del encuentro entre las religiones para la construcción de la paz mundial. Recalcó la importancia y necesidad de un diálogo interreligioso debido a los siglos de confrontación y exclusión, de guerras de religión ya que los seres humanos o nos encontramos o nos destruimos. 

     2. Lectura cristiana de Jesús de Nazaret

La ponencia corrió a cargo de Rafael Aguirre, teólogo y profesor en la Universidad de Deusto. En su discurso mantuvo la convicción de que Jesús fue un judío fiel durante toda su vida, quien se dirigió al pueblo de Israel anunciando el reino de Dios. Por otra parte expresó su convicción de que es muy positivo el que existan lugares de encuentro, como la Cátedra Sto. Tomás, para personas interesadas en el fenómeno religioso donde cada uno pueda hablar con tranquilidad y libertad de expresión. Igualmente reconoció la oportunidad y utilidad social de este curso de verano por los problemas y valores que son abordados para la construcción de una humanidad pacificada. Destacó desde el principio que su lectura sobre la persona de Jesús es histórica y muy personal con todos los riesgos que este planteamiento lleva consigo. Asume la distinción entre el Cristo de la fe y el Cristo de la historia y opta por esta segunda lectura desde una óptica exclusivamente personal suya.

La fe en Jesús, dijo, va más allá de su realidad histórica pero esto no justifica que la fe impida o entorpezca el estudio de la figura de Jesús desde una perspectiva únicamente histórica, sean cuales fueren los resultados. Así, por ejemplo, hablando del realismo histórico de la pasión de Cristo, habría que aceptar que Jesús murió de hecho como un activista político peligroso para la presencia de Roma en Palestina. Según el ponente, históricamente habría que descartar que Pilatos se limitara a ratificar una sentencia de muerte presuntamente dictada o exigida por el Sanedrín por motivos religiosos. En otro momento de su exposición sugirió que los primeros cristianos reinterpretaron de acuerdo con sus intereses de grupo los acontecimientos relacionados con Jesús. En esta operación re-interpretativa los primeros cristianos asumieron la resurrección en el sentido de que Jesús vive en Dios. Este hecho, según el ponente, es real pero no histórico sino meta-histórico. Esta afirmación implica que Dios reivindica la vida del Jesús terrestre y que el resucitado es el mismo Jesús que fue crucificado ahora transformado con un cuerpo espiritual. Este sería el Jesús resucitado de entre los muertos según la presunta reinterpretación de los hechos y dichos de Jesús por parte de sus primeros seguidores.

Según el ponente, el diálogo interreligioso por parte de los cristianos sólo será posible a partir del Jesús histórico y no del Jesús de la fe. Los primeros cristianos, insistió, reinterpretaron los títulos de Jesús para enfatizar su presunta vinculación directa con Dios a partir de los hechos que se han verificado en Jesús. Así, por ejemplo, el Jesús crucificado sin más es elevado a la categoría de Señor. El hombre Jesús crucificado aparece como un hombre abatido y humillado y de ahí los cristianos lo habrían elevado a la categoría de Dios. Los primeros cristianos, matizó, hicieron exégesis del Antiguo Testamento hasta identificar a Jesús con Dios y su señorío divino a favor de todas las víctimas del mal y de la injusticia. Jesús, a través de su kenosis o rebajamiento, ofrece otra visión de Dios como entregado de una forma distinta, o sea, asumiendo la naturaleza humana en Jesús para salvar a la humanidad. Todo esto impone la aceptación del misterio y del lenguaje analógico en el discurso teológico. Teniendo en cuenta estas observaciones de fondo, el ponente insistió en que, para el diálogo interreligioso, sería conveniente poner el acento en el carácter humano de Jesús a favor de los más débiles. La fe cristiana, el Cristo de la fe, no se puede imponer a nadie ya que ésta termina y se agota en Dios y su amor. Ahora bien, la totalidad de Dios no se cumple o agota en Jesús ya que Él mismo fue humano y por ello no agota todas las experiencias de Dios. Las religiones tienen que probar su validez con hechos concretos reales y en este sentido la historia de Jesús puede ser considerada como patrimonio de la humanidad. Según Rafael Aguirre, Jesús promovió un movimiento de renovación intra-judío en un momento de grave crisis en Israel. Fue un líder carismático dotado de una profunda experiencia religiosa que encontró gran eco popular. Sus discípulos formaban un grupo peculiar dentro de Israel, al igual que otros grupos tales como los nazarenos, los esenios, los fariseos y saduceos. Según nuestro ponente, Jesús  se dirigió al pueblo de Israel instándole a que aceptara el Reino de Dios, pero ni se dedicó a los paganos ni habría pretendido fundar una institución religiosa  (la Iglesia) aparte de Israel.

Tras la muerte de Jesús surgió en Palestina el “judeocristianismo”. Estos creían que Jesús era el Mesías de Israel anunciado por los profetas. En realidad era la secta de los “nazarenos”, los cuales seguían practicando la circuncisión y aceptaban la Ley Antigua en su integridad. Dentro de este judeocristianismo había una tendencia radical que se negaba a aceptar en sus filas a los provenientes del paganismo. Aceptaban que Jesús fue un profeta singular pero no su presunta divinidad. Son los denominados “ebionitas”, los cuales no se incorporaron nunca a la Iglesia pero pervivieron durante mucho tiempo hasta el punto de que el propio Mahoma habría estado en relación con ellos. De ser esto cierto resultaría que la figura que de Jesús aparece en el Corán como profeta sería un préstamo del Jesús reconocido por los ebionitas.

Además de los judeocristianos ebionitas estaba el grupo judeocristiano de Jerusalén en torno al Apóstol Santiago. Aguirre lo describe así: “En los años 43-44, Agripa mata a Santiago el Zebedeo, y Pedro tiene que huir de Jerusalén: el grupo de los doce se disuelve como tal y queda Santiago, el hermano del Señor, como líder de la comunidad de Jerusalén. Aparece en ese momento dentro de la Iglesia madre un cristianismo de carácter dinástico, de forma que Santiago es sucedido por otros familiares de Jesús. Este grupo es estrictamente judío, pero acepta con muchas condiciones la incorporación de personas procedentes del paganismo y acabó incorporándose a la gran Iglesia”.  Un tercer grupo de judeocristianos palestinos habría reivindicado la figura de Pedro como líder adoptando una postura abierta a los paganos. El otro personaje clave del cristianismo primitivo habría sido Pablo de Tarso, el cual es descrito como “un gran estratega, un gran ideólogo y un gran teólogo” cuya línea de pensamiento estuvo marcada por el universalismo cristiano sin discriminación de etnias o culturas y con una gran capacidad de integración y convivencia. A juicio del ponente, esta visión constituye una gran novedad histórica que estaría en la raíz del rápido éxito histórico del cristianismo paulino. A pesar de todo Pablo no se cansa de repetir que el ser humano es un ser libre de la Ley, de las normas y de la pureza ritual judía y de toda vinculación étnica. Igualmente propugnó una unidad cristiana dentro de la diversidad de comunidades en las que se reúnen gentes pertenecientes a grupos socialmente enfrentados. Aquí radicaría la verdadera innovación histórica del cristianismo paulino.

Alguien pidió al ponente alguna matización histórica sobre el nacimiento de Cristo pero eludió la cuestión remitiendo al interlocutor a alguno de los “constructos teológicos” o tratados sistemáticos de cristología. Como el público no quedó satisfecho con esta respuesta, matizó que desde el enfoque histórico sobre la figura de Jesús hay que poner en el centro de atención su dimensión humana. Cuando alguien le preguntó si fue realmente novedosa la posición de Jesús por relación al Antiguo Testamento, respondió al tiro: “no lo sé”. Pero seguidamente matizó diciendo que Jesús es un Maestro en toda regla dentro del judaísmo. ¿Novedad? Tal vez la exigencia del amor a los enemigos. Sobre la relación de Jesús a Dios como Padre y su forma de actuar como profeta el ponente eludió tajantemente entrar en comentarios alegando que su enfoque había sido exclusivamente histórico y no teológico y menos aún dogmático. Pero alguien insistió preguntándole si, en su opinión, Jesús era realmente Dios o su presunta divinidad es un añadido posterior. El ponente dijo que históricamente hablando no caben dudas de que Jesús se sentía a sí mismo como Dios, pero no quiso entrar en ninguna discusión sobre el tema sugiriendo que, de cara al diálogo con los musulmanes, el tema de la Trinidad habría que ver la manera de reformularlo. Respecto a los testimonios históricos no cristianos sobre Jesús el ponente se limitó a recordar los más conocidos, especialmente Flavio Josefo.

Jesús fue pobre de hecho y se decantó abiertamente por los pobres. Es significativo a este respecto el hecho de que Jesús no tuvo interés por visitar Séforis o Tiberíades donde residían las clases pudientes. El ponente matizó diciendo que Jesús predicó el reinado de Dios haciendo resistencia a los reinados o poderes de este mundo descalificando el género de cristología sensacionalista actualmente en boga potenciada en los medios de comunicación. A su juicio, más que tratar de falsear la verdadera imagen de Jesús de lo que se trata es de echar carnaza al público por razones de marketing e intereses económicos al margen de cualquiera otra consideración. Preguntado sobre las curaciones realizadas por Jesús y su actitud ante las mujeres, contestó que, si Jesús liberaba de los espíritus inmundos, por ejemplo, no era para integrar a las personas concernidas en el sistema social anterior sino en los valores del Reino de Dios por Él promovido. Sobre las mujeres destacó su protagonismo en la vida de Jesús. Pero esto no significaría que Jesús fuera antijudío por su forma de relacionarse con ellas. Por último, Cristo no es comparable con ninguno otro profeta. Sufrió y la cruz fue su gran prueba al introducir un conflicto de valores. Pero la cruz nos lleva al corazón cristiano cosa que no tiene parangón en las otras religiones.

 

 

3. Lo judío de Jesús

En la línea histórica de Rafael Aguirre, Esther Miquel, directora del observatorio del aeropuerto de Valladolid, filósofa e investigadora de la ética de Jesús desde la sociología del conocimiento, se propuso justificar su tesis central de que Jesús es hijo histórico del judaísmo.     

¿Por qué nos preguntamos por lo judío de Jesús y no por lo griego de Sócrates o lo romano de Julio Cesar?  Los historiadores asumen sin dificultad que Sócrates y Julio Cesar, como cualquier otro ser humano, estaban inmersos en sus respectivas culturas. ¿Por qué el caso de Jesús iba a ser diferente? Según la ponente, la respuesta está en la forma tradicional de hacer cristología poniendo obsesivamente el acento en la unicidad incomparable de la revelación divina en Jesús. Para quienes utilizan el método histórico, la respuesta a la pregunta por lo judío de Jesús es evidente que todo lo de Jesús es judío y tiene sentido en el mundo cultural judío donde nació, vivió y murió. En consecuencia, no es cuestión de distinguir en Jesús rasgos judíos de rasgos no judíos inexistentes sino de mostrar que los rasgos de Jesús, que el cristianismo ha opuesto tradicionalmente al judaísmo, encajan perfectamente en el contexto sociocultural de la Palestina judía de su tiempo. Actualmente tendemos a pensar en el judaísmo como una religión o conjunto de creencias y prácticas relacionadas con la realidad trascendente. El judaísmo antiguo, en efecto, tenía una importante dimensión religiosa, pero era mucho más que eso. Era una tradición cultural y una categoría étnica al mismo tiempo. Una tradición cultural incluye una visión del mundo, un sistema de valores y una ética. Aunque la dimensión religiosa puede estar de alguna forma presente en todos estos componentes de la cultura como factor de legitimación, en casi ningún caso las abarca completamente.

El judaísmo como categoría étnica no es exactamente lo mismo que la cultura judía o que el judaísmo como religión. Citando a Frederick Barth, la ponente dijo que el etnicismo es una práctica cultural, observable en muchas poblaciones humanas, que tiene por objeto diferenciar de forma pública y notoria unos grupos de otros. Ahora bien, según ella, muchos de los rasgos con los que la exégesis y la teología cristiana han caracterizado al judaísmo del tiempo de Jesús no parecen haber sido uniformemente compartidos por toda la población judía de Palestina, sino sólo rasgos seleccionados por determinados grupos de interés para construir barreras étnicas.

El judaísmo palestino del tiempo de Jesús no sólo admitía muchas formas distintas de construir barreras étnicas, sino que incluía grupos, corrientes y tendencias de orientaciones muy diversas. Así, pues, a la hora de evaluar el carácter judío de Jesús no basta con comparar sus posiciones y prácticas con las de los fariseos o las de los grandes clanes sacerdotales de Jerusalén –los principales oponentes de Jesús, según los evangelios - sino que es necesario tener también en cuenta las demás formas de interpretar y actualizar la tradición religiosa de Israel existentes en su entorno. Aunque los datos disponibles no permiten hacer una clasificación precisa y exhaustiva, de hecho sí es posible hablar de cuatro tipos generales de tendencias o corrientes históricamente conocidas. Por ejemplo, el judaísmo oficial representado por la aristocracia sacerdotal que gestionaba el templo y el funcionariado a su servicio, probablemente los expertos en la Ley de los que hablan los evangelios; los judaísmos de tendencia sectaria como saduceos, fariseos, esenios y comunidad de Qumrán; y Los judaísmos de corte filosófico-universalistas sin olvidar a los movimientos populares judíos de renovación.

El judaísmo oficial de la época romana puede considerarse históricamente como el heredero del judaísmo representado por las grandes familias sacerdotales que regresaron del exilio babilónico para hacerse cargo de la construcción del segundo templo y de la administración del territorio semiautónomo de Judea durante el dominio persa en la región. Fue el principal responsable de la edición del Pentateuco y de la configuración política de la comunidad judeo-palestina, según el modelo antiguo de un Estado-Templo subordinado a un imperio extranjero. Dado que el prestigio y el poder de coacción de la aristocracia sacerdotal en la época romana eran muy limitados, la población judía de Palestina disponía de un margen relativamente amplio para elaborar por sí misma las tradiciones culturales y religiosas de Israel. No debemos, por tanto, pensar que discrepar con las posiciones oficiales supusiera necesariamente verse relegado fuera o al margen del judaísmo.

Los judaísmos de tendencia sectaria - saduceos, fariseos, esenios y cumranitas- ­eran muy diferentes entre sí, pero tenían en común su interés por crear fronteras étnicas para definir a los verdaderos herederos de Israel frente a todas las naciones de la tierra y, en algunos casos, frente a todos aquellos judíos que no compartían sus posiciones político-religiosas. Los elementos preferentemente utilizados para crear esas fronteras son elaboraciones del sistema de pureza y de la normativa relativa al descanso sabático.  El Jesús que retratan los evangelios muestra un desinterés considerable por construir o mantener barreras étnicas. Pero tampoco esto le sitúa fuera del judaísmo de su tiempo. Sabemos que entre la élite intelectual judía de formación helenística había quienes propugnaron un judaísmo de tipo filosófico, en el que se subrayaban los elementos más fácilmente universalizables y se minimizaban, reinterpretaban o rechazaban los de carácter étnico. Junto a esta tendencia universalista propia de las clases cultivadas existía también el universalismo de quienes tenían que enfrentarse cotidianamente con el problema de la subsistencia. Este segundo universalismo se basa en el reconocimiento tácito y espontáneo de la igualdad de todos los seres humanos frente a las necesidades más básicas de la vida.

En la época helenístico-romana se produjeron importantes rebeliones de esclavos a las que se adherían individuos procedentes de lugares y culturas muy diversas. Casi todas ellas tenían una legitimación religiosa que apelaba a algún dios con rasgos universalizables cuya función principal era velar por el mantenimiento de la justicia y proteger a los más vulnerables. Entre los movimientos populares judíos encontramos algunos que podrían responder a este perfil. Dirigidos por jefes carismáticos intentaban reproducir la entrada de Israel en la tierra prometida en tiempos de Josué. Probablemente el rasgo de este episodio legendario, que más atraía a los seguidores de estos movimientos, era la repartición equitativa de la tierra entre las doce tribus de Israel. Estos movimientos estaban formados por gentes sencillas que no tenían interés ni capacidad para elaborar y menos aún cumplir las complejas normativas de los sistemas de pureza. La clasificación del movimiento de Jesús como un movimiento popular judío de renovación religiosa nos permite situarlo dentro del judaísmo plural de la época romana anterior al año 70, dando al mismo tiempo razón de aquellos rasgos de Jesús que chocaron con las posiciones de los sumos sacerdotes y de los grupos sectarios de su tiempo. Estos rasgos son precisamente aquellos en los que solía apoyarse la exégesis cristiana tradicional para afirmar erróneamente el carácter no judío de la persona y el mensaje de Jesús. En resumidas cuentas, que Jesús, históricamente hablando, fue hijo de su tiempo cultural y étnicamente.

4. Soy José, vuestro hermano. Hacia el reencuentro entre judíos y cristianos                 

Ahora tomó la palabra Mercedes Huarte Luxan, Licenciada en Filosofía, profesora en la Universidad de Comillas y en San Pablo CEU. El título de su ponencia está inspirado en las palabras que Juan XXIII pronunció en el acto de recepción de judíos por primera vez en el Vaticano para reflexionar acerca de la reconciliación entre judíos y cristianos después de tantos siglos de desencuentro doloroso. Al principio, las tensiones se produjeron dentro de la comunidad judía, ya que los que veían en Jesús al Mesías y al Hijo de Dios fueron perseguidos por quienes no lo admitían como tal. Pablo, tras pasar de perseguidor a perseguido esbozó la primera teología cristiana sobre los judíos en base a que el rechazo de Jesús por parte de la mayoría de los judíos habría servido para que el mensaje cristiano se ofrezca a todos los pueblos. Pero "si su caída es riqueza del mundo, ¿cuánto más lo será su plenitud? Quizá esa esperanza de Pablo en la conversión final de los judíos fue lo único que los salvó de una destrucción total a manos de los cristianos, que no atendieron a las otras palabras de Pablo (Rom 11,18): "no te enorgullezcas contra las ramas; que si te enorgulleces, no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz a ti”.

En su primer siglo de existencia los cristianos mantuvieron continuidad respecto al judaísmo con las mismas escrituras, los mismos modelos de oraciones y las mismas obligaciones rituales. Y como un grupo judío más fueron objeto de burla por parte de los romanos, que no distinguían entre ellos a la hora de acusarles, como Tácito, de adorar una cabeza de asno o de cometer asesinato ritual. Eran así víctimas de la misma incomprensión que habían sufrido sus antepasados comunes por parte de los pueblos paganos. Sin embargo, a partir del siglo II comenzaron a destacarse cada vez más las diferencias. San Justino, aunque defendió contra Marción que el Antiguo Testamento y el Nuevo forman una unidad, mantiene que el primero sólo tiene valor en relación con el nuevo. Abraham, Isaac, Moisés y los profetas no son sino "figuras" y preanuncios de Cristo. El pueblo judío desempeñó su papel, pero dejó de tenerlo con la venida de Jesús a quien no reconoció como Hijo de Dios y a quien dio muerte, por lo que se habrían hecho merecedores de los sufrimientos que soportan. Comenzó así, según la ponente, la teología de la sustitución de la Iglesia por el verdadero Israel, que fue desarrollada principalmente por los Padres de la Iglesia desde el siglo IV dando pie a una lectura del Antiguo Testamento en la que se ponían del lado cristiano todas las bondades al tiempo que se tomaba del propio texto sagrado un arsenal de acusaciones contra los judíos. El caso más flagrante habría sido el de San Juan Crisóstomo, el cual de los textos proféticos que tratan a la idolatría como adulterio deduce que "la sinagoga es un lupanar y lugar de todos los vicios". Añadiendo que "los judíos inmolan a sus hijos al diablo" y concluyendo que "Dios los ha odiado siempre". En consecuencia, había que separar la celebración de la pascua cristiana de la judía para "no tener nada que ver con el pueblo judío, culpable de los crímenes más atroces". En ocasiones se produjeron revueltas populares contra los judíos instigadas por los obispos, aun en contra de las disposiciones de los emperadores. Es célebre a este respecto el caso de la sinagoga de Callinicum, destruida en el 388, y cuya reconstrucción por los cristianos, ordenada por Teodosio, fue impedida por San Ambrosio. Por otra parte, después del edicto de Milán (313), que declaró al cristianismo religión lícita pero mantenía la tolerancia respecto al judaísmo, fueron promulgándose progresivamente códigos legales restrictivos de los derechos de los judíos.

Al comienzo de la Edad Media hubo en Europa un período de relativa concordia, pero con la excepción de la España visigoda, en la que se promulgaron medidas de extraordinaria dureza contra los judíos, con expulsiones y bautismos forzosos, y por primera vez en la historia hubo una legislación peor para los conversos que para los judíos. Por el contrario, San Gregorio Magno pedía que se los atrajera a la fe "mediante la dulzura y la persuasión". Esa situación cambió a partir del siglo IX, cuando en Europa se comenzó a demonizar la figura del judío acusándolo de todos los males. Lo cual sirvió de preparación para las cruzadas en las que se masacró a miles de judíos. Y todo esto a pesar de las protestas de S. Bernardo, que recordó que "quien los toca, toca la niña de los ojos de Dios". Más adelante, en el IV Concilio de Letrán (1215), se emitieron varios decretos contra los judíos, como la obligación de llevar un distintivo en la ropa o la prohibición de desempeñar cargos públicos y de practicar la artesanía o el comercio. Otra vez España fue una excepción, pues tanto en los reinos musulmanes, hasta la llegada de almorávides y almohades a mediados del siglo XII, como en los cristianos hasta mediados del XIII, los judíos vivieron en paz y ocuparon puestos importantes en la sociedad.  En el resto de Europa, se tomaron varias excusas para la persecución, como las acusaciones de asesinar a los niños para utilizar su sangre en el culto, por las que ­afirmaba el Papa Inocencio IV en 1247: "se les condena a la muerte más ignominiosa, de modo que los judíos llevan entre nosotros una existencia más deplorable que sus antepasados bajo el faraón en Egipto". O de envenenar los pozos y causar la peste negra, aun en contra de las condenas de Clemente VII que recordaba que los judíos morían de peste igual que los cristianos. La Edad Media terminó en España con la expulsión de los judíos y el restablecimiento de los tribunales de la Inquisición y los estatutos de pureza de sangre. Se llegó así a la absurda situación de que, para pertenecer a una orden religiosa como jerónimos, dominicos o franciscanos, había que demostrar que no se tenían antepasados judíos.

Ya en la Edad Moderna se construyó en Venecia el primer ghetto. Y Lutero, al principio favorable a los judíos, acabó asumiendo todas las acusaciones anteriores e incluso pidió que se fueran a crear un nuevo Estado de Israel. Su obra De los judíos y sus mentiras fue aprovechada por la propaganda nazi. Tampoco por el lado católico, a pesar de que el Concilio de Trento afirmó la responsabilidad de todo el género humano en la muerte de Cristo, terminaron las acusaciones de pueblo deicida. En la Ilustración se repitieron todas las calumnias conocidas y, ya en el siglo XX, el semanario La Croix de París, colocó en su primera página el siguiente lema: "Cristiano y antijudío son dos palabras inseparables".

En Alemania, de una legislación que permitía la plena inclusión de los judíos en la sociedad civil se pasó a una nueva justificación de la discriminación basada ahora en el racismo. Se trata del antisemitismo que pretendió apoyarse en la ciencia para tachar a los judíos como raza inferior. Aunque la ideología nazi era pagana y no cristiana, utilizó el sentimiento antijudío presente en la población cristiana. Para justificar los pogroms, la propaganda zarista había utilizado Los protocolos de los sabios de Sión, obra en la que se desenmascaraba la presunta conspiración de los judíos para dominar el mundo. Esta obra tuvo gran éxito editorial en la Alemania nazi y lo sigue teniendo actualmente en los países árabes. Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, "miles de auténticos católicos en Alemania, -escribió Santa Edith Stein a Pío XI en 1933­- esperan que la Iglesia de Cristo levante la voz  pues nos tememos lo peor para la imagen de la Iglesia si se mantiene el silencio por más tiempo". Sin embargo, aunque hubo muchos cristianos, laicos y religiosos, que arriesgaron su vida para salvar a judíos, en opinión de la ponente, las voces que se levantaron no fueron suficientes y el horror en el que esto desembocó son los seis millones de muertos, entre ellos millón y medio de niños. El museo Yad VaShem, dedicado a la memoria del Holocausto en Jerusalén, tiene este emblema: un alambre de espino del que brota una rama de olivo, la esperanza que surge después del horror.

Una de las facetas de esa esperanza es el reencuentro de judíos y cristianos. En el comienzo del camino se alzan dos figuras, una judía y otra cristiana: Jules Isaac y Juan XIII, cuyo encuentro está en la base de la declaración Nostra Aetate del Vaticano II, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. El primero, historiador, víctima de la persecución nazi en la que perdió a su esposa, investigó las raíces del antisemitismo y concluyó que no se hallaban en los evangelios y añadió: "Tal vez esté reservado hoy a Israel el don de restituir a los cristianos el verdadero rostro de Jesús". Y el Papa Juan rezó: "Durante siglos nuestro hermano Abel ha yacido en la sangre que nosotros hemos hecho brotar y ha llorado las lágrimas que nosotros hemos causado al olvidar tu amor. Perdónanos por el anatema que tan erróneamente unimos al nombre de judío. Perdónanos por haberte crucificado una segunda vez en su carne. Perdónanos porque no sabíamos lo que hacíamos". El diálogo posterior se centró principalmente en el celibato de Jesús y la persecución de los cristianos por parte de los judíos. La ponente confesó que no había estudiado el tema de la soltería de Jesús pero que en los textos está bien claro que Jesús fue célibe. Y no por las razones que fueron célibes otros personajes como los cínicos sino por un motivo superior como la dedicación total a la predicación del reino de los cielos. Como había insistido de forma unilateral en la persecución de los judíos por parte de los cristianos, a pesar de las honrosas excepciones mencionadas, alguien replicó recordando la conducta beligerante de los judíos contra los cristianos. La ponente trató de equilibrar su enfoque reconociendo que los daños fueron en ocasiones mutuos si bien los judíos habrían llevado la peor parte.

5. Lectura judía de Jesús de Nazaret

Y llegó el momento de escuchar a Roly Zilberztein.  Es comprensible que la opinión de un judío sobre la persona de Jesús fuera esperada por todos con expectación. Y más aún en este caso cuando se trata de un hombre joven, Doctor en Historia Judía Medieval por la Universidad Hebrea de Jerusalén y que se preparaba en la Freie Universitaet de Berlín con vistas a su promoción rabínica. Comenzó celebrando el hecho de haber sido invitado a participar en este encuentro en un lugar tan emblemático como la ciudad de Ávila y el monasterio de Santo Tomás por lo que este lugar significa históricamente en las relaciones judeo-cristianas. Su ponencia consistió en hacer una exégesis del significado anticristiano de algunos textos del Talmud en los que se habla contra la figura de Jesús. Antes de proceder a descifrar el significado de los textos talmúdicos hizo unas aclaraciones previas muy interesantes sobre la génesis del Talmud a partir de la la Mishná tomando como punto histórico de referencia la destrucción de Jerusalén el año 70 por el ejército romano.

     A partir de este traumático acontecimiento el judaísmo trató de reconstruirse en base a la Mishná al tiempo que el cristianismo lo hacía en base al Nuevo Testamento. En realidad, según el ponente, se trata de dos lecturas distintas del Antiguo Testamento. Matizó que el judaísmo es muy complejo. Hay judíos para todos los gustos. En tono humorístico se dice que en cada lugar hay dos sinagogas distintas y una tercera para rezar. Luego añadió que el judaísmo plural contemporáneo es una derivación de la Mishná o judaísmo restaurado y no del judaísmo del Templo destruido el año 70. Por otra parte, insistió, en lugar de pensar que el cristianismo es hijo del judaísmo sería más correcto pensar que el judaísmo y el cristianismo son religiones hermanas  por el simple hecho de que después del desastre del año 70 ambas surgen y sobreviven como dos formas diferentes de interpretar la Biblia judía o Antiguo Testamento. En el fondo de la polémica estaba en juego la cuestión sobre quién tenía las garantías de la Palabra divina. Así las cosas, los judíos habrían optado por la religión legal sobre la base de normas de conducta y prácticas religiosas, y los cristianos habrían optado por la reflexión teológica al estilo de la cultura griega.

     Un dato muy interesante destacado por el ponente al explicar la génesis del Talmud fue el siguiente. Los rabinos protagonistas de la restauración del judaísmo reinterpretaron la Biblia del Templo siguiendo técnicas griegas, lo que dio lugar a la Mishná. Pero ¿qué autoridad tenían esas reinterpretaciones? Según el ponente, para asegurar su autoridad, los rabinos dijeron que estaban respaldados por Dios. La Mishná derivó con el tiempo en el Talmud y los rabinos se atribuyeron una autoridad presuntamente recibida de Dios. El ponente insistió mucho en que la Biblia viene del judaísmo del Templo mientras que el Talmud, del que se alimenta el judaísmo actual en sus múltiples formas de expresión, se inspira en la Mishná. En cualquier caso el Talmud es actualmente la base para entender la Biblia judía o Antiguo Testamento. Antes de proceder a la lectura e interpretación de los textos talmúdicos anticristianos el ponente advirtió una y otra vez que son muy fuertes por lo que podrían herir la sensibilidad de algunos cristianos. Pero insistió en que se trata de leyendas calumniadoras y no de relatos históricos como piensan los judíos fundamentalistas. Los textos talmúdicos, traducidos directamente por Roly Zylbersztein al castellano con aclaraciones entre paréntesis así como frases y palabras en cursiva para facilitar la lectura y comprensión de su contenido anticristiano los publiqué en Studium 48 (2008/3). Se trata de cinco textos escritos en un lenguaje casi ininteligible a menos que uno sea un experto como Roly Zylbersztein.

     Sobre el primero de ellos hizo las siguientes matizaciones. Los rabinos que lo escribieron conocían los evangelios pero los interpretaban de forma distinta que los cristianos. Por ejemplo, se sustituye el término crucificado y en su lugar se dice “colgado”. Las curaciones son presentadas como brujerías y Jesús es presentado como políticamente cercano al Gobierno de Roma como potencia colonizadora. El término heraldo es utilizado en el contexto de una contra-narración evangélica en la que Jesús predice su muerte y resurrección. Por otra parte lo de “colgado” permite ser interpretado en el sentido de que la ejecución de Jesús fue un asunto interno exclusivamente judío de suerte que los rabinos no tuvieron ningún inconveniente en asumir que fueron ellos quienes de hecho ejecutaron a Jesús en castigo merecido por haber fundado una herejía dentro del judaísmo. Sobre el texto segundo dijo que Jesús es descrito como rabino y el mensaje de fondo que se desea transmitir es que Jesús cometió errores que le obligaron a alejarse del gremio por culpa de los propios rabinos. Por otra parte se le imputa a Jesús el haber pecado mirando sexualmente a una mujer, de practicar la magia y confundir al pueblo de Israel.  Según la exégesis de Roly en el texto tercero está claro que se acusa a Jesús de hereje merecedor de la condena más severa por cuenta propia de los rabinos al margen de la justicia romana. La evocación de prostitutas y dinero procedente de la prostitución no es tampoco casual sino intencionada para minar la reputación personal de Jesús. El texto cuarto es breve  pero muy difícil de descifrar su contenido en conjunto. Pero en lo que no admite  según Roly, es que se trata de un texto anticristiano con alusiones veladas a presuntas formas de conducta sexuales sospechosas por parte de Jesús y se su familia. Este sería el argumento aquí utilizado como arma arrojadiza contra Jesús. Esto se aprecia más claramente en el texto quinto, que también es breve y relativamente fácil de descubrir su significado. Según Roly Zylbersztein, en este texto se cuestiona el nacimiento de Jesús según el relato evangélico. El padre de Jesús habría sido hijo de un legionario o soldado romano con el que María, su madre, habría tenido relaciones adulterinas, y no descendiente de la estirpe de David como pretenden los evangelios. Este texto es una contra-narración al relato evangélico sobre el nacimiento de Jesús, con el objetivo de echar por tierra la fe cristiana sobre este tema. Según la mentalidad judaica en la que se inspira este texto, tanto en la genealogía de Jesús según S. Mateo como en la genealogía de David aparecen mujeres de dudosa conducta sexual y prostitutas en el camino, lo cual afectaría a la propia reputación personal de la madre de Jesús y del propio Jesús. Por otra parte, las obras presuntamente milagrosas de Jesús, según los evangelios, no serían milagros sino obras de brujería. Jesús no habría sido un taumaturgo sino un ingenioso mago. Estos textos, insistió una vez más nuestro ilustre ponente, son calumniosos y sólo reflejan la mentalidad de las personas que los redactaron y de ningún modo el pensamiento de la mayoría actual de los grupos judíos. De hecho, durante algún tiempo estuvieron censurados dentro del judaísmo y si ahora reaparecen es sólo a título de información, lo cual, en su opinión, es bueno para que el diálogo judeo-cristiano se lleve a cabo a la luz de la verdad y no de ocultaciones y calumnias provenientes de los sectores fundamentalistas.

     A la pregunta sobre qué piensa el judaísmo actual sobre el denominado Jesús histórico y el cristianismo en general respondió lo siguiente. Jesús y el movimiento cristiano por Él puesto en marcha fue un evento muy importante dentro del viejo judaísmo del Templo. De ahí el interés actual por rescatar lo específicamente judío de Jesús. Lo cual significa que hay que rescatar la figura de Jesús como un personaje esencialmente judío. El judaísmo actual quiere saber quién fue Jesús como hombre real en el contexto de la historia del fariseísmo una vez que siguió a su modo métodos de inspiración farisea. Los judíos actuales, matizó, se sienten orgullosos de considerar a Jesús históricamente como uno de los suyos sin entrar en cuestiones teológicas sobre su persona y sus actividades. Esto significa que, de cara al cristianismo, los judíos de todos los colores están siempre de acuerdo en lo siguiente. La figura de Jesús no es aceptada por nadie dentro del judaísmo como personificación del Mesías. Este es un límite infranqueable. Hasta tal extremo que sólo cuando un judío acepta la mesianidad de Jesús se pone automáticamente fuera de las amplias fronteras del judaísmo y es considerado como extraño. Y lo que es más. El judaísmo no es sólo una religión que rechaza la mesianidad de Jesús sino también un pueblo étnico cuya identidad entre los pueblos reclama ese rechazo de la mesianidad de Cristo asumida por el cristianismo. 

6. La presencia judía en la literatura del Siglo de Oro español

Javier Fernández Vallina, Doctor en Filosofía y profesor de Estudios Hebreos en el Instituto de Ciencias de las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid describió el panorama de un tiempo y cultura complejos que recorre casi dos siglos de nuestra historia colectiva, que iba a ser el fruto y la expresión de las llamadas tres culturas del Libro: la cristina, la arabo-musulmana y la judía. Un panorama literario, que obedeció a dos momentos históricos y artísticos diferentes y de diversa mentalidad y sensibilidad, como lo son las expresiones más renacentistas o barrocas, que darían frutos distintos de la más alta calidad que los convierten en clásicos.

Respecto a la presencia judía se impone la distinción entre la propia tradición de esta cultura y la creatividad que han aportado esa larga lista de creadores conversos de nuestra mejor literatura y que habría ya comenzado con el autor de La Celestina reflejando a la historia de nuestra mejor picaresca. Existe, dijo, una pléyade de autores que no se detiene en los mejores ejemplos de la mística española, con Santa Teresa, San Juan de la Cruz o Fray Luis de León, sino que llega, al parecer, hasta Gracián y Góngora, sin olvidar la polémica que nos acompaña al hablar de estos temas sobre Cervantes. Esta presencia judía e impronta de los conversos recorre un caudal literario que abarca muchos géneros, multitud de temas y problemas, adoptando sustancialmente la sensibilidad renacentista y barroca teniendo como referencias al Imperio y a un preponderante catolicismo tridentino.  El hebraísmo culto, insistió, se había instalado ya en las Universidades de Salamanca y Alcalá con la pluma de muchos de nuestros mejores humanistas, varios de los cuales más fueron conversos y nos dejaron ese monumento de la filología y cultura que prodigó Cisneros en la Biblia Complutense. El estudio de toda esa tradición hebrea resultó tan apasionante que en el imperante catolicismo se la pretendió ver diferenciada de lo judío para mejor servir a lo cristiano. Resulta también la evolución del estudio de la polémica topo-etimológica de los nombres que tratan de conjurar la memoria de la España judía desde Arias Montano hasta el propio Cobarrubias.

Durante los siglos XVI y XVII, matizó el ponente, se resaltó cómo al tratamiento del carácter "subversivo" de la Picaresca le cabe la filiación conversa, que estaría igualmente presente con análoga característica y mayor fecundidad heredada en la mejor creación mística del siglo de oro, sin que ésta vea disminuida por ello su ejemplar singularidad literaria y espiritual. También atravesarán los conversos con su sello, valores y tipologías el crecimiento de la libertad que expresa la creación literaria hasta tomar pleno asiento en el propio Cervantes. Sin olvidar el estereotipo judío como sujeto del deicidio y protagonista de infamias y objeto de estigma históricos, que reflejará el género oratorio. Por otra parte la calidad lingüístico-literaria culminó en la Execratio de Quevedo en tiempos de nuevo convulsos y políticamente interesados. El puente se refirió también a ese otro modo de estereotipo edulcorado y siempre duro que culminará en el papel protagonista que Calderón otorga a la Sinagoga, al Judaísmo o a lo judío en muchos de sus Autos Sacramentales. Terminó destacando la presencia relevante del judaísmo en la vida y literatura del denominado Siglo de Oro español. Otra cosa es la interpretación que de una y otra parte se haga de la misma. Así, en la literatura picaresca el influjo judío puede apreciarse en su carácter subversivo. En la literatura mística ese influjo se aprecia en la expresión religiosa que va más allá de los esquemas tridentinos. A pesar de los resabios antijudíos existió un caldo de cultivo que favoreció el influjo judaico en la cultura del denominado “siglo de oro español”.

7.  Visión cristiana del Judaísmo hoy

              El ponente en esta ocasión fue  el profesor Miguel Ángel Medina, O.P. Desde el primer momento sintonizó con Roly Zilberztein presentando un esquema brillante sobre el legado común a judíos y cristianos actualmente existente con vistas a profundizar en su contenido y limar lo más posible las diferencias de una forma realista y más civilizada que en tiempos pasados. Ninguna religión es una isla y ni el judaísmo ni el cristianismo pueden ser una excepción ya que Dios va por delante de judíos y cristianos como si fueran dos criaturas suyas mellizas. A pesar de todo han transcurrido ya más de dos mil años variaciones interpretativas del mesianismo y de mutua incomprensión.

     Empezó destacando la fecha fatídica del 70 después de Cristo cuando Tito arrasó Jerusalén y se produjo la dispersión de judíos y cristianos. Ninguna religión es una isla, dijo, y todos estamos comprometidos desde nuestras respectivas profesiones de fe con los demás hombres. Según la interpretación rabínica, el Señor Dios dijo a Moisés: “Allí donde veas las huellas del hombre, allí estoy yo delante de ti.”Y Jesús: “lo que hicieras a uno de mis pequeños hermanos”… Y Juan Pablo II en la sinagoga de Roma: “vosotros sois nuestros hermanos mayores”. Refiriéndose al secular desencuentro entre judíos y cristianos Medina recordó las palabras de del rabino askenazi: “Ni siquiera somos hermanos separados, pues nunca nos hemos encontrado”. Y, sin embrago, en palabras del judío Alan Segal, judaísmo y cristianismo son dos brotes mellizos surgidos de la religión hebrea. O, como afirma Martin Buber, dos variaciones sobre el tema del mesianismo. Desde el principio, ambos eran similares y diferentes. El cristianismo surgió de los elementos mesiánicos y escatológicos de la religión hebrea, mientras que, según algunos, el judaísmo rabínico habría surgido en gran parte de elementos no mesiánicos que llevaron a la destrucción del año 70. Después de 2000 años de incomprensión y violencias, el cristiano considera al judío como el hombre obstinado que rehúsa ver lo que ha ocurrido; y el judío conceptualiza al cristiano como el hombre incomprensiblemente atrevido que afirma en un mundo irredento que su redención se ha cumplido. La decisión birkat ha-minim, tomada en Jamnia (90-100d.C), tuvo gravísimas consecuencias para las dos familias de creyentes. Entre las 18 decisiones tomadas, hay una contundente, la Shemoné Esré: “Que los apóstatas no tengan esperanza y que el reino de la maldad sea desarraigado en nuestros días. Que los notsrim y los minim desaparezcan en un abrir y cerrar de ojos. Que sean borrados del libro de los vivos y no sean inscritos con los justos. Bendito seas tú, Adonai, que abates a los orgullosos”. Esta la bendición (maldición) iba dirigida contra los judíos colaboradores con Roma y contra los judeocristianos. Fue un golpe dirigido al corazón de las relaciones entre judeo-cristianismo y el resto del pueblo judío. Obligados los judeocristianos a maldecirse a sí mismos en la oración que todo judío recitaba tres veces al día, los éstos sólo podían o apostatar de su fe en Jesús o aceptar la expulsión de las sinagogas. Puede ser que se tratara de un mero asunto de disciplina interna dentro del judaísmo, pero eso no puede ocultar la realidad de que la bendición contra los minim arrojaba a los judeocristianos fuera del seno de un pueblo que era el suyo propio y de una fe que era también la suya, aunque los fariseos estuvieran modelándola progresivamente según su visión, acentuando así las diferencias.

     No resultó mejor la forma en que los datos sobre el judeo-cristianismo y su fundador fueron recogidos en las fuentes rabínicas. Jesús fue descrito en términos claramente negativos como bastardo, hijo de una adúltera; brujo, hechicero y blasfemo, que habría sido ejecutado por haber seducido al pueblo. Y si esta era la opinión del Maestro, el retrato de los judeocristianos no resultó más amable. De todo lo cual resulta evidente que al menos cierto sector del rabinismo optó por la denigración de Jesús de Nazaret y de sus seguidores a los que consideraba incompatibles con la visión de Israel. El judaísmo presentó así una imagen peyorativa de Jesús y habrá que esperar hasta el siglo XX para que el hermano mayor reconozca en Jesús a un judío y no a un blasfemo; a un hijo digno de su pueblo y no a un desorientador del mismo como lo presentaban las fuentes talmúdicas o el Toledot Ieshu.

     Para el cristianismo la situación no se reveló menos dramática. Implicó, si no una ruptura con las raíces del cristianismo, presentes en el judaísmo, sí una adulteración de las mismas. La ausencia de conexión pronto llevó a los cristianos a ver a los judíos como adversarios mortales. Ahí se encontró la base de ese lenguaje religioso cristiano en el que se hablaba  de la ceguera o “perfidia” de los judíos. Por su parte, los judíos promulgaron unas disposiciones para evitar todo trato con los goyim o no‑judíos, dividiendo a los hombres en judíos y no‑judíos, excluyendo a estos últimos incluso de la “ley del amor” y de otras leyes que son válidas sólo para el judío. A pesar de todo, matizó el ponente, las cosas van cambiando a mejor aunque no todo en el monte es orégano. Compartimos la riqueza de un patrimonio común y aparece con mayor nitidez el designio de Dios en el que se inscribe la misión del pueblo judío y despunta la misión de la Iglesia. Confrontadas ambas realidades, aparece ese profundo misterio, que es al mismo tiempo un gigantesco desafío. En ambas comunidades encontramos una grata coincidencia en cuestiones fundamentales como la visión de Dios y el mundo, la creación, la naturaleza del hombre y su lugar en el universo, la  Providencia, la Alianza, la Biblia así como los principales valores éticos y derechos humanos que de ella se desprenden. Pero al mismo tiempo siguen existiendo importantes diferencias que el ponente describió minuciosamente en dos niveles, dogmático y procesal, evocando cuestiones específicas de la dogmática cristiana y dificultades que impiden la posibilidad de entendimiento cuando hay que hablar de la Biblia judía y la Biblia cristiana o las relaciones entre la razón humana y la religiosa; y más aún cuando se topa con el tema innegociable de la mesianidad. Algunas de las ideas troncales de la ponencia fueron las siguientes:

     Convicciones cristianas actuales ante el judaísmo: “Para el cristianismo, la perennidad de Israel no es solamente un problema de relaciones exteriores que debe llevar adelante, sino un problema interior que debe profundizar y que atañe a su propio ser. El camino que estamos emprendiendo es cuesta arriba; ha sido poco explorado en exégesis y en teología, pero debemos avanzar en ambos sentidos. De no hacerlo sobre esta doble vía, el diálogo entre judíos y cristianos seguirá siendo superficial, limitado y lleno de restricciones mentales. Este diálogo está iniciándose y sólo podrá avanzar si ambas partes toman conciencia de la contemporaneidad de la otra”. El cristianismo es el árbol que crece de la semilla del judaísmo y cubre con sus ramas toda la tierra, pero el fruto de ese árbol contiene la misma semilla. Citando a Juan Pablo II: “Nuestras dos comunidades religiosas están vinculadas al nivel mismo de su propia identidad”. No en vano Pablo advirtió a los cristianos: “no te engrías, pues no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz quien te sostiene…es el judío quien te sostiene porque “la salvación viene de los judíos”.

     Declaración de cierta comunión de bienes: Palabras del cardenal Ratzinger: El diálogo de los cristianos con los judíos reside en un nivel diferente (que con otras religiones). La fe testimoniada en la Biblia de los judíos, no es para nosotros una religión diferente, sino el fundamento de nuestra propia fe”.El judaísmo es una suerte de raíz y tronco donde hemos sido injertados (cf. Rm 11, 16‑18) para participar de la "israelítica dignitas" (CEC 528). Los judíos no quedaron fuera de la Alianza, como si ésta hubiera sido cedida a los cristianos, sino que los cristianos participamos de la Alianza irrevocable que, también hoy YHWH hace ante todo con su pueblo judío, ya que los dones y la elección de Dios son irrevocables" (Rm 11, 28‑29). Esta relación peculiar con el judaísmo implica valorar un patrimonio común.

     Valor salvífico del judaísmo actual. Citando al cardenal Kasper, dijo que  el judaísmo es un verdadero camino salvífico para los judíos”. Lo cual significa que la Alianza nunca revocada hace que la religión judía tenga valor salvífico para sus fieles [....] porque Dios es fiel a sus promesas”. Esto es importante pero no basta ya que “cualquier planteamiento que se realice acerca de las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento se aplica también a la relación entre la lectura judía y la lectura cristiana de la Biblia hebrea. Aquí se plantea una seria dificultad a la hermenéutica cristiana ya que cuando se propone la aplicación del AT a Jesucristo, como si fuera el único o el principal modo de comprenderlo adecuadamente, se declara innecesaria o inútil ‑cuando no falsa, ignorante u obstinadamente incrédula‑ la hermenéutica que haga un judío de su Biblia”.

     La importancia permanente del Antiguo Testamento. El ponente enfatizó mucho en la conveniencia de no presentar por parte cristiana el Nuevo Testamento como alternativa definitiva y absoluta al Antiguo Testamento. Sería mejor hablar de la Biblia con su anverso y reverso. La expresión “Antiguo” Testamento sólo indica su procedencia; antigüedad no es caducidad. Por otra parte, la expresión “Nuevo” sólo indica “renovado” y no “alternativo”. Los cristianos no podemos entender el calado teológico del NT marginando o sub-considerando el AT. Pero ¿cómo llegar a un acuerdo con el judaísmo sobre la naturaleza del NT como renovación del Antiguo? No es un escollo menor para el diálogo judeocristiano incluso hoy día cuando las relaciones han mejorado tanto respecto del pasado. Está en juego el significado de modelos hermenéuticos como los binomios teológicos siguientes: Promesa y cumplimiento, prefiguración y realización; oposición y contraposición; superación y sustitución. “La herencia común, matizo el ponente, es la Biblia. Herencia que para nosotros los cristianos conlleva la necesidad de los judíos, porque ellos tienen con la Escritura una especie de afinidad carnal; porque, contra todo dualismo, dan testimonio de la unidad viviente del hombre interpelado por Dios; porque sigue siendo el pueblo que destruye ídolos y denuncia las ideologías antiguas y nuevas.

     Al servicio del bien y del conjunto de toda la humanidad. Judíos y cristianos tienen una vocación y un principio común diseñado en la Biblia proveniente de Dios. Por lo mismo la posición del pueblo judío y de los cristianos como vigías y testigos del reino de Dios desafía a todo imperio de los hombres ante la entera humanidad. No en vano la primera regla de acción que resume la Ley y los Profetas es el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, tal como se encuentra en el Levítico (19,18) y en Mateo 22,37-39, para imitar y participar en el amor recibido del Mesías. Una mirada profunda nos permite discernir que ambas visiones mesiánicas tienen una fuente común en Dios. Esta convergencia moral entre judíos y cristianos les permite llevar adelante con respeto y fuerza su propia misión hacia la humanidad. Para ambas espiritualidades, las exigencias del amor deben ser rigurosamente atendidas y estructuradas por el respeto a la voluntad divina. Un encuentro fecundo podría recordar a los cristianos que no pueden omitir lo que Dios ordena, y a los judíos, que el mandamiento del amor que encabeza el shemá debe inspirar todas las actitudes que de él derivan, tanto en las relaciones humanas como con respecto a Dios. El cristianismo ha ofrecido a todas las naciones del mundo, a veces bajo formas secularizadas, el don del Sinaí, don que sigue obligando a cristianos y judíos para el bien de toda la humanidad Jesús afirma, “La salvación viene de los judíos” (Jn 4,22). Si no hubiera judíos, la universalidad cristiana podría disolverse en un humanismo abstracto. Si no hubiera cristianos, ¿podría el judaísmo, portador de la bendición prometida a todas las naciones, llevar adelante su misión específica? El encuentro entre judíos y cristianos es necesario para ambos, para enmendar lo que seguramente Dios les está exigiendo. Tanto su experiencia común como  sus percepciones divergentes de la bendición divina, revelan el rostro de la unidad y de la comunión universal basada en la Promesa hecha a Abraham, anunciada por los Profetas, atestiguada por la Iglesia católica.

     El ponente concluyó su emotiva y optimista intervención con estas palabras: “La misteriosa diferencia y al mismo tiempo increíble parentesco entre judíos y cristianos nos llevan a todos al camino de la tesuvah. Ésa es la enseñanza bíblica fundamental que nos es común a todos. Por ser todos, judíos y cristianos, pecadores, atravesamos la historia en la dualidad Iglesia-Sinagoga, provocada por el endurecimiento de unos y otros, siendo cada uno interior al endurecimiento del otro. Lejos de toda teología cristianizadora del judaísmo y de toda teología judaizante del cristianismo, habremos de ser testimonios vivos de lo que Martin Buber expresó: es la Alianza del mismo Dios Vivo lo que nos hace existir a judíos y cristianos y crea una comunidad más allá de la ruptura”. Respondiendo a las preguntas de la audiencia el ponente hizo algunas matizaciones como la siguiente. El concepto de prójimo al que está destinada la salvación, en el cristianismo es universal abarcando a todo ser humano de cualquier pueblo, raza, cultura o condición moral o sexual. En el judaísmo, en cambio, el concepto de prójimo queda restringido a los bíblica y étnicamente considerados judíos así como a sus allegados y simpatizantes. Y, por supuesto, excluidos siempre sus presuntos enemigos.  

     8.  Lectura islámica de Jesús de Nazaret

     Sobre la visión islámica de la figura de Jesús disertó Montserrat Abumalham, doctora en Filología Semítica y profesora del Departamento de Estudios Árabes e Islam de la Universidad Complutense de Madrid. El mensaje central de esta erudita ponencia fue el siguiente. La figura de Jesús de Nazaret, el Mesías, hijo de María, es fundamental en la tradición profética musulmana en la que ocupa no sólo un lugar de profeta sino también de un enviado que ha recibido la revelación. Aparece así mismo como precursor del profeta Mahoma y tiene una misión escatológica principal, ya que en su segunda venida a la tierra al fin de los tiempos y antes de que se instaure el Reino de paz del que será rey, deberá hacer desaparecer del mundo la figura del Anticristo, figura del mal y profeta mentiroso que intentará apartar a los verdaderos creyentes de la fe. Sólo Jesús tiene la misión de derrotarlo permitiendo así la salvación de los fieles.

     Desde la mentalidad islámica inspirada en el Corán la concepción trinitaria de Dios y la profesión de fe en la divinidad de Cristo resultan absolutamente inadmisibles porque, según el Corán, Dios es uno, único e incompatible con la versión trinitaria del mismo y la presunta condición divina de Cristo. La explicación de estas tesis cristianas fueron motivo de peleas a veces cruentas dentro de las fronteras cristianas y el Corán trató de eliminar esas luchas afirmando la unicidad de Dios y negando abiertamente la presunta condición divina de Cristo. En contrapartida, se le otorga a Cristo un lugar preferencial como profeta junto a Mahoma al que se le niega igualmente cualquier atributo divino. Por otra parte, al examinar el texto religioso coránico se afirma tajantemente que el islam es la última revelación que rectifica al evangelio y a S. Pablo. En consecuencia, el islam es considerado como la única revelación verdadera de Dios. Por su forma de comportarse, el judaísmo y el cristianismo son considerados por el islam como desviaciones de la revelación verdadera. Según el islam, insistió la ponente, judíos y cristianos habrían tergiversado las Escrituras, pero en el Corán hay versiones contradictorias sobre este tema. Con el Corán se pretende corregir la Biblia pero, paradójicamente, incurriendo en contradicciones. La ponencia consistió en una exégesis minuciosa de textos coránicos relacionados con  la figura de Jesús y el cristianismo. Intentaré hacer una síntesis de los tópicos más destacados.

     El islam se incardina en la tradición semita y de Abraham plasmada en la religión del Antiguo Israel, la cual se transforma después en el judaísmo posterior al exilio y en el cristianismo. Ahora bien, el cristianismo introdujo una novedad importante que consistió en hacer del estricto monoteísmo judío una visión familiar de la divinidad expresada en el misterio de la Trinidad. Por una parte el islam tuvo la impresión de que se destruía la unidad de Dios introduciendo el presunto carácter divino de Jesús. Otro aspecto novedoso habría sido la aceptación cristiana de la “muerte del justo” como expiación y redención. El islam no acepta bajo ningún concepto que Jesús, el Justo, presuntamente Hijo de Dios, muera en una cruz como un villano. El Corán niega a Jesús la divinidad lo mismo que a Mahoma. Igualmente se niega la muerte de Jesús en la cruz. Todo lo que se cuenta sobre la crucifixión habría sido sólo un simulacro de humillación tras el cual Jesús fue arrebatado junto a Dios. El Corán otorga a Jesús un lugar de privilegio entre los profetas, admite su generación milagrosa y la virginidad de María su madre. Incluso le confiere una presencia en los momentos importantes de la vida de los musulmanes como, por ejemplo, el tránsito a la otra vida o su intervención al final de los tiempos. A pesar de estas semejanzas la ponente advirtió que las desemejanzas entre el cristianismo y el islam son muy profundas. Textualmente: “La imagen que el cristianismo presenta ante el islam no solo responde poco al sentido evangélico profundo, sino que a lo largo de las relaciones entre ambos espacios religiosos esa misma imagen de forma intermitente”. El cristianismo en general y S. Pablo en particular, en opinión del islam, habría tergiversado por completo la revelación divina para cuyo correctivo habría surgido Mahoma como garante de la última y verdadera revelación.

     A pesar de todo, insistió la ponente, “lo cierto es que el tratamiento de la figura de Jesús en el Corán y en la tradición profética está marcado por su reconocimiento muy respetuoso como profeta. Jesús, como profeta verdadero, se enfrentó con sus parientes y allegados por la decisión de seguir los dictados de Dios. Ya desde su nacimiento Jesús va a sufrir persecución y él mismo se defiende y defiende la honradez de su madre con el respaldo de Dios. Pero por muchas virtudes y atribuciones proféticas que se le atribuyan a Jesús como profeta, en el Corán Jesús es un mero precursor de Mahoma. En algún texto coránico se le reconoce a Jesús como enviado, espíritu y palabra de Dios pero, en realidad, lo que se afirma es sólo y únicamente eso y bajo ningún concepto que sea Hijo de Dios en el sentido cristiano de la expresión. Dijo la ponente que Jesús aparece citado en el Corán treinta y cinco veces. Algunas de esas citas están relacionadas con la crucifixión, la cual, como he dicho antes, sólo habría sido un simulacro desde el punto de vista islámico.

     En la proclamación absoluta de la Unicidad divina propuesta por el islam cualquier equiparación de otro ser con Dios es considerada una abominación y una blasfemia, La identidad de Dios es la del Todo Otro, de manera que cualquier criatura es esencialmente diferente de Dios y no puede asemejársele o ser asociada a Él. De ahí la prohibición estricta de representaciones de la divinidad con forma humana susceptible de ser confundida con los ídolos. La naturaleza de Dios es totalmente diferente de la naturaleza de todo lo creado. Por lo mismo, si el islam niega a Mahoma cualquier atributo divino, con mayor razón habrá de negárselo a Jesús el cual, por muy respetable que sea como profeta, es considerado siempre como un precursor de Mahoma.

     En el islam la figura de Jesús aparece relacionada también, incluso en sus atributos físicos,  con el Anticristo. Frente a un hombre hermoso, como el Mesías, el Anticristo es presentado como el colmo de la fealdad tuerto y deformado. En el fin de los tiempos tendrá lugar la segunda venida del Mesías quien, tras haber derrotado al Anticristo, reinará sobre la tierra. En ese reinado el cerdo desaparecerá por ser un animal impuro, quedará destrozada la cruz como signo de que a ningún justo se lo someterá a tormento. Más aún. Quedará anulado el impuesto religioso islámico y se repartirán las riquezas entre todos los hombres. Se instaurará un tiempo de justicia absoluta y las religiones quedarán abolidas para que todo sea sometido a Dios y reine la paz sobre toda la tierra. En este contexto la figura de Jesús como Mesías y la del Anticristo aparecen estrechamente relacionadas. El Anticristo es presentado como representación del mal con significado escatológico. Por último, digamos que los místicos musulmanes prestan gran atención a la figura de Jesús como modelo de pobreza y alejamiento del mundo. También por sus enseñanzas, poderes taumatúrgicos y su espíritu de oración y confianza en Dios.

     A esta intervención siguió un diálogo muy clarificador entre el público y la ponente. Alguien suscitó la cuestión sobre la imagen de Jesús como libertador para el islam. La respuesta fue breve y precisa. Jesús aparece como modelo de profeta comprometido con los pobres pero jamás como redentor en el sentido cristiano de la palabra. Este concepto no tiene cabida en el islam una vez que ha rechazado frontalmente la muerte de Jesús como “justo”. Como queda dicho, la muerte de Jesús, tal como es descrita en los evangelios, sería solo un simulacro y no un acto de redención. Ni hay contradicción en que el islam pronostique la destrucción de la cruz al final de los tiempos cuando ni siquiera cree en ella. Lo que realmente pretende el islam es que desaparezca la cruz como símbolo de tortura, al modo como demoniza al cerdo como símbolo de la impureza. El uso de los símbolos forma parte de la dinámica de todas las religiones y el islam no es una excepción. Sobre la redacción del Corán la ponente insistió mucho en que, para su comprensión, hay que tener en cuenta que la cultura árabe era esencialmente oral y de ahí la dificultad que supuso la fijación progresiva del texto coránico escrito que nos ha llegado a nosotros así como su estudio exegético. Por otra parte en la redacción del Corán ha habido mano política con la intención explícita de cortar por lo sano las controversias producidas en el seno del cristianismo y del judaísmo y tener bien amarrados a los partidarios políticos. Respondiendo a una pregunta sobre el final de Mahoma la ponente respondió que, según el islam, Jesús y Mahoma aparecerán al final de los tiempos competitivamente juntos apoyando a sus seguidores respectivos.

     A la pregunta sobre si en el islam se habla de Mesías o del Mesías,  respondió que el término Mesías sólo se refiere al hijo de María sin más atributos de origen. Sin olvidar que el mesianismo coránico tiene como colchón de fondo al dualismo zoroástrico y las violentas disputas cristológicas entre los cristianos. El islam quiso que el Corán cortara por lo sano esas luchas entre los herejes cristianos. En esta voluntad de pacificación se refleja la influencia clara y directa de esos grupos en guerra. ¿Solución preventiva para el islam? Políticamente hablando, atajar con el Corán esas peleas surgidas de las discusiones teológicas cristianas. La ponente se manifestó convencida de que en la redacción e interpretación del Corán hubo un deslizamiento de lo religioso a lo político después de la muerte del Profeta. Según ella, Mahoma no fue un hombre de Estado sino un jefe tribal que hacía recomendaciones espirituales. En consecuencia, él personalmente habría fundado una comunidad religiosa y no un Estado políticamente hablando. El deslizamiento hacia la política y el poder vendría después de su muerte. Por otra parte, el lenguaje religioso es analógico. Esto significa que el paraíso simboliza religiosamente lo mejor entre lo peor para los hombres. El infierno, por el contrario, lo peor imaginable. Tanto en el cristianismo como en el islam se recurre a estas estructuras imaginativas para que la gente entienda. El coloquio terminó con una serie de preguntas morbosas sobre la mujer, el demonio, el mal y el anticristo según las creencias islámicas.

     9. El  ecumenismo Abrahámico

     Según el programa impreso del curso correspondía al profesor Juan Pablo García Maestro, teólogo y profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, desarrollar el tema “Encuentros y desencuentros entre el cristianismo y el islam. La época del divorcio. No pudo hacerlo por razones coyunturales de salud pero la profesora Lucía Ramón Carbonell aceptó gentilmente sustituirle improvisando una bella alocución en la que destacó la idea sugerida en el título. Lucía Ramón Carbonell es Licenciada en Teología, Master en Filosofía y profesora de la "Cátedra de las Tres Religiones" de la Universidad de Valencia. También de la Escuela de Teología Feminista de Andalucía y de Filosofía y Religión en el Colegio San José de Calasanz de Valencia. Como ideas troncales de su improvisada y animada exposición cabe destacar las siguientes.

     Más que hablar de Jesús presentó un marco diálogo constructivo entre cristianismo, judaísmo e islam a partir de la figura del patriarca Abraham como lugar de encuentro, en la línea de lo que se denomina ecumenismo abrahámico. La fe en Jesús, dijo, nos une y nos separa y habría que poner más el acento en lo que nos une con el judaísmo y el islam, como es la figura de Abraham. Por otra parte, matizó, se tiene hoy la impresión de que las religiones monoteístas no contribuyen satisfactoriamente a la paz del mundo y a veces son ellas mismas las que estimulan los conflictos. Por ello es urgente investigar a fondo y con sentido crítico las bases de estas tres grandes religiones repensándolas desde Abraham como lugar de encuentro con el fin de evitar los exclusivismos y los fanatismos. La ponente insistió mucho en la utilidad de acudir a este personaje bíblico del que tanto el judaísmo, el cristianismo como el islam son herederos comunes. Como hijos de Abraham cabe pensar que sería más fácil superar la historia, a veces sangrienta, de las relaciones entre las tres grandes religiones monoteístas en el pasado.

     Para avalar su tesis, la ponente se refirió a otros personajes bíblicos que podrían resultar también útiles en el diálogo constructivo y pacífico, pero centró la atención principalmente en los rasgos ecuménicos del patriarca Abraham. Por ejemplo, destacando el modelo de fe inquebrantable en el Dios único en las circunstancias y momentos más crudos y desconcertantes de su vida sin caer en la intolerancia contra las diversas formas de expresar la fe. Abraham sería también un modelo a imitar por su forma de rechazar las diversas formas de idolatría actual como el culto al dinero, al sexo o al racismo. Abraham fue un creyente coherente con su fe sin caer en el moralismo ni en el cumplimiento idolátrico de los preceptos cultuales. Este gran hombre fue justo porque terminó confiando incondicionalmente en Dios y no en el cumplimiento material de los actos religiosos prescritos. Tampoco se sintió propietario excluyente de la fe en Dios sino que se guió por la fe con temor y temblor. Esta actitud abrahámica está en la base del judaísmo, cristianismo e islam, por lo que sería muy positivo tomarla como un lugar de encuentro para mejorar y eventualmente modificar actitudes lamentables por parte de las tres confesiones religiosas más influyentes del mundo. La ponente insistió en que sería bueno recuperar las figuras de Ismael, Agar y Sara ya que todas ellas se hallan bajo la protección de Dios y, en consecuencia, desacreditan la tentación exclusivista por parte del judaísmo y de los cristianos. Por parte cristiana, la relectura de la figura de Jesús desde la figura de Abraham ayudaría mucho a evitar el dogmatismo y el exclusivismo dejando todas las puertas abiertas a Dios, incluso para aquellos que en algún momento fueron excluidos.

     La ponente dijo que convendría reactivar y no olvidar la Declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, en la que se habla de los musulmanes como los hombres y mujeres “que procuran someterse con toda el alma a los ocultos designios de Dios, como se sometió Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia”. En la conmemoración de Abraham “Nuestro Padre en la fe”, celebrada en Roma el 23 de febrero del año 2000, el Papa Juan Pablo II recordó que “Dios omnipotente estrechó en la fe de Abraham una alianza eterna con el género humano y Jesucristo es su definitivo cumplimiento”. Estas palabras vienen a confirmar la conveniencia de recuperar la figura de Abraham como lugar de encuentro fraterno entre judíos, cristianos y musulmanes. En la tarde del segundo día del encuentro tomé yo mismo la palabra para explicar el significado de la Biocristología. Este término resultó novedoso y chocante  pero no faltó de interés. En el capítulo III explico el significado de este neologismo cristológico.

     10.  Mesa Redonda y cierre del curso

      José Antonio Fernández, teólogo y analista de asuntos latinoamericanos, no pudo moderar esta sesión como estaba previsto, y en su lugar lo hizo la joven licenciada en teología Mari Enrique Belvis. Los protagonistas del debate fueron Javier Fernández Vallina, Miguel Ángel Medina y Montserrat Abumalham. El primero hizo unas matizaciones importantes a tener en cuenta en el diálogo con el judaísmo. Por ejemplo, que la diversidad es hoy día un signo notable de su identidad. En el judaísmo moderno hay creyentes, agnósticos, ateos, fundamentalistas y laicos de solemnidad. Hay también fuertes luchas internas entre ortodoxos y laicos pero nadie entre los judíos discute sobre la ortodoxia religiosa para entenderse entre ellos y existe de hecho la crítica interna, lo cual no es poco. Sobre el diálogo intercultural con el judaísmo dijo que no ha sido eficaz hasta ahora por falta de fiabilidad entre las partes en litigio. Para resolver este problema de la fiabilidad habría que revisar nuestras formas de usar los textos religiosos y más aún el manejo de lo que se denomina memoria histórica. ¿Qué es la memoria histórica y para qué queremos resucitarla? Fernández Vallina puso en duda incluso la voluntad de consenso en materia religiosa.

     Miguel Ángel Medina dijo que hay que potenciar el diálogo religioso y para ello propuso a Jesús como lugar de encuentro sin deformar las propias convicciones personales. O lo que es igual, desde más allá del tiempo y el espacio en lugar de jalearnos a nosotros mismos desde las respectivas confesiones. Para ello, insistió, nada mejor que adoptar a Jesús como referente y lugar de encuentro. Y explicó por qué Jesús y no otro. El diálogo religioso tiene que llevarnos a entrar en una era nueva en la cual Jesús nos ha introducido con su resurrección. A partir de la resurrección de Jesús tiene pleno sentido hablar de tierra nueva, cielos nuevos y de nueva creación. El gran fallo de los judíos consistió precisamente en haber rechazado a Jesús como Mesías. De ahí que desde la perspectiva judía el mundo permanece irredento.

     Por otra parte, Jesús desnacionalizó a Dios. Lo cual significa que Dios y sus bienes prometidos no son patrimonio exclusivo de los judíos sino de toda la humanidad. Medina apostó por un nuevo concepto de la Escritura asumiendo con normalidad la Biblia integral sin marginar lo que se denomina el Viejo Testamento. Eso sí, la Escritura ha de entenderse en sentido dinámico y no como algo para ser obedecido sin margen para el diálogo. Igualmente habrá que asumir la penitencia y el perdón de los pecados en el proceso de maduración personal. Por estas y otras muchas razones, insistió, Jesús es un referente ideal para suscitar y potenciar el tan deseado diálogo entre las tres grandes religiones monoteístas.

     Montserrat Abumalham insistió una vez más en que Jesús tiene una presencia relevante en el islam pero se presta más atención al Anticristo como personificación del mal. A pesar de todo hay que potenciar el diálogo con los musulmanes sin olvidar que las diferencias entre la cultura occidental cristiano y el islámico son muchas y profundas. Cabe pensar incluso que no hay respuesta a esas diferencias. Preguntada sobre el “choque de civilizaciones” y la “alianza de civilizaciones” como posibles soluciones al problema, respondió que lo religioso no es negociable y que sólo es posible llegar a consensos desde la ética y no desde las creencias religiosas. Se podrá llegar a un acuerdo, por ejemplo, sobre no matar. Pero no desde un cambio de creencia religiosa. Otro ejemplo puede ser la poligamia. En el mundo islámico, dijo, la mayoría es monógama. La monogamia es negociable ética y socialmente pero no en el ámbito religioso. La poligamia, en efecto, es un asunto religioso en el islam y como tal es innegociable. Tampoco se mostró partidaria por el modelo de ecumenismo abrahámico propuesto por la profesora Lucía Ramón Carbonell ya que es también excluyente. Hay que dialogar con todos pero cuando se introduce el factor religioso aumentan las dificultades de entendimiento. En cualquier caso hay que evitar siempre tratar de imponer las propias creencias religiosas a los demás, sean estos creyentes o no creyentes.

     Contra todas las previsiones el diálogo final resultó muy interesante y animado. El diálogo interreligioso es muy difícil en la práctica pero todos los asistentes estaban convencidos de que es necesario. Por encima de esas dificultades intrínsecas a las religiones en sí mismas hay que buscar lugares comunes de encuentro para hablar de forma razonable y civilizada. Por ejemplo, apuntó alguien, aquellas formas de pensar y vivir hostiles que afectan a los credos religiosos judío, cristiano e islam al mismo tiempo como el relativismo posmoderno. Aquí tendríamos un enemigo común contra el cual deberíamos unirnos.

     Abumalham respondió que la mentalidad relativista contemporánea contra ciertos valores religiosos considerados perennes tiene una importancia también muy relativa y, por otra parte, las grandes declaraciones procedentes de las instituciones religiosas suelen ser muy bonitas pero casi o nada eficaces. El profesor Vallina replicó que esas declaraciones sí son útiles cuando nuestras formas de dialogar son pedagógicamente correctas. Por ejemplo, no exigiendo que un judío acepte por principio a Jesús como Mesías Hijo de Dios. O que perdone a sus enemigos. El perdón en el judaísmo ha sido y sigue siendo una gran asignatura pendiente desde el punto de vista cristiano. Por el contrario, la compasión es un concepto sensible y aceptable por judíos, cristianos y musulmanes. Medina matizó que, efectivamente, no podemos exigir por principio a los demás que comulguen con nuestras creencias. Pero esto no autoriza a que las desvirtuemos pragmáticamente. Tal vez podríamos salir de este atolladero preguntándonos todos, judíos, cristianos y musulmanes, cual es el designio de Dios común para las tres religiones.

     Alguien replicó que, aunque parezca lo contrario, el diálogo religioso marcha a ritmo muy lento pero avanza. El diálogo es lento pero va adelante. Se citaron casos en los que esos documentos magistrales de la Iglesia son leídos y tenidos en cuenta como contribuciones de calidad. El problema está en cómo evitar que esos documentos sean publicados de forma impositiva y no como propuestas lúcidas para que sean aceptadas de una forma libre y responsable.  Así las cosas, se sugirió que habría que centrar el diálogo en la ética y no en la religión. Pero las éticas, replicó Abulmaham, están condicionadas también por las religiones por lo que habría que separar la religión de la ética. Para ilustrar su discurso trajo a colación la Carta Magna de la ONU sobre los Derechos Humanos. Este documento podría ser una vía de solución ya que no está vinculada a ninguna confesión o creencia religiosa concreta. Pero esto fue sólo una estrategia política que no ayuda a resolver las dificultades inherentes al diálogo religioso en sí mismo. Por otra parte, actualmente existe una desconfianza generalizada en las jerarquías religiosas e intelectuales. Tratándose del islam, se reconoce más prestigio y autoridad a los poetas que a las instituciones religiosas, políticas o intelectuales.

     Alguien abundó en esta cuestión diciendo que tenía la impresión de que la Jerarquía eclesiástica no se implica en la miseria humana. Se echa de menos, dijo, la denuncia profética sobre las injusticias sociales. La Jerarquía eclesiástica se estaría ocupando exclusivamente del poder administrativo. Luego generalizó y dijo que no conocía a ningún líder religioso actual, judío, musulmán o católico desinteresado de la administración y comprometido con la denuncia profética de la injusticia. Diríase que en lugar de hablar de la oveja perdida del evangelio habría que hablar ahora de los pastores perdidos. Por si esta esto fuera poco, otro de los presentes dijo la gente está cansada de las instituciones eclesiales así como de los conflictos político-religiosos en Palestina, España y otras partes del mundo. Lucía Ramón se dio por aludida y recordó la parábola de los pastores perdidos del profeta Ezequiel para reafirmarse en la validez de su tesis del modelo de ecumenismo abrahámico para la reconciliación del género humano y de las tres religiones monoteístas. Recordó también la conveniencia de tener más en cuenta la Declaración Nostra aetate del concilio Vaticano II. Un documento éste, a su juicio, casi olvidado en el diálogo religioso. Igualmente se mostró partidaria de la intensificación del diálogo teológico.

     Me llamó mucho la atención la forma en que un participante opinó rechazando cualquier apelación a Dios para garantizar los frutos del diálogo religioso como si esa apelación implicara necesariamente una imposición de creencias contra los legítimos fueros de la razón. La respuesta por parte de Medina no se hizo esperar recordándole una vez más que no se trata de que judíos, cristianos y musulmanes pretendan imponerse mutuamente sus correspondientes creencias sino de poner sobre la mesa el designio común de Dios sobre las tres confesiones para proyectarlo después a favor de los demás. Al final del debate se puso de manifiesto el riesgo de caer en el fideísmo religioso por una parte, y del racionalismo por otra. En cualquier caso prevaleció la opinión de que, a pesar de la existencia de esos extremos, se ha avanzado mucho en el conocimiento de la figura de Jesús cuyo mensaje esencial tiene una aceptación creciente al margen de las creencias religiosas poco fundadas y de las eventuales descalificaciones de las instituciones eclesiales. Todo parece indicar que la figura de Jesús está por encima de las miserias humanas y los conflictos entre creyentes o no creyentes.

     Pero todo lo que se empieza llega a su término y había que dar por finalizadas estas jornadas. Según Manuel Reyes Mate se habían desarrollado en un lugar emblemático y del modo más adecuado, a saber, en la ciudad natal de santa Teresa, de ascendencia judía indiscutible; y en el convento de santo Tomás, fundado por Torquemada. Y todo ello, paradójicamente, en un contexto de respeto y libertad envidiable entre las tres grandes religiones monoteístas concernidas. Reyes Mate insistió una vez más en que el impacto de la religión en la vida pública es un hecho ante el cual no podemos pasar de largo. Es verdad que, según el uso que se haga de ellas, las religiones se prestan para lo mejor y para lo peor. Pero el ideal de la paz resulta prácticamente imposible sin las religiones y desde la cátedra Sto. Tomás se aporta el material indispensable para la construcción de una sociedad más justa y feliz. Felicísimo Martínez matizó que la figura de Jesús da mucho más de sí pero que lo más importante de estas jornadas es que contribuyen a conocernos mejor dialogando libre y respetuosamente. Por supuesto que hay que ir mucho más lejos abordando cuestiones concretas comprometedoras pero todo se andará. Todavía ha predominado la actitud de aleccionar a los interlocutores sobre el gusto por preguntar y escuchar puntos de vista no compartidos sin perder los nervios. Pero se ha estimulado el deseo de continuar en el camino emprendido lo cual es un motivo de satisfacción y agradecimiento a todas las personas y entidades que hicieron posible la celebración de estas jornadas. Unos, replicó Marcos Ruíz, hicieron de “chasis” y otros de motor.

     11. Reflexiones finales

     A título personal me parece oportuno hacer algunas matizaciones sobre el enfoque y contenido de las ponencias. En primer lugar cabe destacar que predominó el enfoque biocristológico por parte cristiana con muy escasa atención a la lectura de la figura de Jesús transmitida durante veinte siglos por el Magisterio oficial de la Iglesia. El trasfondo general de la mayoría de las intervenciones fue la  conocida y discutible teoría del Cristo de la fe y el Cristo de la historia. Por otras parte, este año, como el año pasado, quedó flotando la impresión de que la única que reconoce presuntos errores y está dispuesta a rectificarlos es la Iglesia Católica, ¡como si judíos y musulmanes no hubieran roto jamás un plato ni tuvieran nada que corregir o rectificar en sus creencias y formas de conducta con el cristianismo y la entera humanidad! Ya Felicísimo Martínez advirtió al final del encuentro del 2007 sobre el riesgo de tropezar eternamente en la misma piedra en el sentido de que  los judíos se declaran metodológicamente víctimas crónicas y los musulmanes incomprendidos y torpedeados por judíos y cristianos.  No obstante, me es grato destacar la intervención de Roly Silversztein denunciando con extremada delicadeza y sin complejos las calumnias vertidas en el Talmud contra la figura de Jesús y de su madre María. Confieso que es la primera vez que he oído en público a un judío de cuerpo entero reconocer y rechazar un gesto de mala conducta contra Jesús por parte de los judíos. De cara al futuro próximo de estos encuentros pienso que hay que dejar ya a un lado las disputas y los enfrentamientos del pasado para centrar la atención en aquellos aspectos que en el presente siguen impidiendo la comprensión y promoción de la calidad humana en las relaciones inter-confesionales y con la entera humanidad. Mientras los fundamentalismos religiosos, la represión de la libertad responsable de expresión religiosa y violación de derechos humanos fundamentales sigan operantes, las religiones monoteístas no pueden seguir perdiendo el tiempo en disquisiciones teológicas inútiles y recuerdos desagradables del pasado.                                                                                          

 

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