CAPÍTULO
II
JESÚS
VISTO
POR
CRISTIANOS, JUDÍOS Y MUSULMANES
Al final del encuentro celebrado a finales
de julio del 2007 durante el cual se habló de las Tres religiones monoteístas y el diálogo interreligioso, se decidió
la continuidad de este tipo de encuentros y varios de los asistentes
propusieron como tema para el siguiente curso: “La figura de Jesús vista por
las tres religiones monoteístas”. Cualquier persona inteligente reconoce sin
dificultad la importancia de este personaje y del cristianismo para la justa
comprensión de la historia de la civilización occidental y del mundo entero
durante los últimos veinte siglos. La lectura e interpretación de la persona de
Jesús desde cada una de las tres religiones monoteístas puede significar un
destacado aporte al diálogo interreligioso y con ello crear un ambiente social
decisivo para la causa de la justicia y la paz en nuestro mundo convulso, tenso
y violento. La dimensión religiosa del hombre es un aspecto constitutivo de la
naturaleza humana y cuando no se lo conoce bien, se lo interpreta mal o se hace
uso indebido del mismo, el ser humano se desfonda y la vida social se
perturba. La celebración del presente
encuentro tuvo lugar durante los días 28-31 de julio de 2008 organizada por la
Cátedra Sto. Tomás en Ávila. A continuación voy a intentar destacar las ideas
troncales de los discursos presentados seguidas de unas breves reflexiones
personales mías sobre el contenido y significado global del evento.
1. Presentación
Marcos Ruíz, O.P, en sus palabras de
presentación del curso destacó el hecho de que el número de personas presentes
había desbordado todas las previsiones. Lo cual demuestra que cuando hay un
proyecto serio para hablar de Jesucristo nadie permanece indiferente como si de
un asunto sin importancia se tratara. Así las cosas, expresó su deseo de que el
propio Jesús nos acompañara durante las sesiones que daban comienzo entorno a
su persona. A continuación tomó la palabra el Vicario Pedro Juan O.P, el cual
dio las gracias a los organizadores del curso y a la numerosa audiencia que
estaba allí con la ilusión de tomar parte activa en un tema tan vital para la
vida de las personas y de la convivencia social. Manuel Reyes Mate enfatizó el
hecho de que en un tiempo de laicismo militante como el nuestro, en que se
trata de marginar el fenómeno religioso relegándolo a la esfera de la vida
estrictamente privada, se estuviera produciendo un renacimiento constante del
interés público por los temas religiosos como ponen de manifiesto los numerosos
encuentros de esta naturaleza que se están produciendo en diversas partes del
mundo. Se siente por doquier la conveniencia de repensar el rol social de las
religiones con vistas a crear un ambiente social más favorable a la paz y la
felicidad humana. Seguidamente Felicísimo Martínez O.P, recordó los criterios
fundacionales de la “Cátedra Santo Tomás” destacando la importancia del
encuentro entre las religiones para la construcción de la paz mundial. Recalcó
la importancia y necesidad de un diálogo interreligioso debido a los siglos de
confrontación y exclusión, de guerras de religión ya que los seres humanos o
nos encontramos o nos destruimos.
2. Lectura cristiana de Jesús de Nazaret
La ponencia corrió a cargo de
Rafael Aguirre, teólogo y profesor en la Universidad de Deusto. En su discurso mantuvo la
convicción de que Jesús fue un judío fiel durante toda su vida, quien se
dirigió al pueblo de Israel anunciando el reino de Dios. Por otra parte expresó
su convicción de que es muy positivo el que existan lugares de encuentro, como
la Cátedra Sto. Tomás, para personas interesadas en el fenómeno religioso donde
cada uno pueda hablar con tranquilidad y libertad de expresión. Igualmente
reconoció la oportunidad y utilidad social de este curso de verano por los
problemas y valores que son abordados para la construcción de una humanidad
pacificada. Destacó desde el principio que su lectura sobre la persona de Jesús
es histórica y muy personal con todos los riesgos que este planteamiento lleva
consigo. Asume la distinción entre el Cristo de la fe y el Cristo de la
historia y opta por esta segunda lectura desde una óptica exclusivamente
personal suya.
La fe en Jesús, dijo, va más
allá de su realidad histórica pero esto no justifica que la fe impida o
entorpezca el estudio de la figura de Jesús desde una perspectiva únicamente
histórica, sean cuales fueren los resultados. Así, por ejemplo, hablando del
realismo histórico de la pasión de Cristo, habría que aceptar que Jesús murió
de hecho como un activista político peligroso para la presencia de Roma en
Palestina. Según el ponente, históricamente habría que descartar que Pilatos se
limitara a ratificar una sentencia de muerte presuntamente dictada o exigida
por el Sanedrín por motivos religiosos. En otro momento de su exposición
sugirió que los primeros cristianos reinterpretaron de acuerdo con sus
intereses de grupo los acontecimientos relacionados con Jesús. En esta
operación re-interpretativa los primeros cristianos asumieron la resurrección
en el sentido de que Jesús vive en Dios. Este hecho, según el ponente, es real
pero no histórico sino meta-histórico. Esta afirmación implica que Dios
reivindica la vida del Jesús terrestre y que el resucitado es el mismo Jesús
que fue crucificado ahora transformado con un cuerpo espiritual. Este sería el
Jesús resucitado de entre los muertos según la presunta reinterpretación de los
hechos y dichos de Jesús por parte de sus primeros seguidores.
Según el ponente, el diálogo
interreligioso por parte de los cristianos sólo será posible a partir del Jesús
histórico y no del Jesús de la fe. Los primeros cristianos, insistió,
reinterpretaron los títulos de Jesús para enfatizar su presunta vinculación
directa con Dios a partir de los hechos que se han verificado en Jesús.
Así, por ejemplo, el Jesús crucificado sin más es elevado a la categoría de
Señor. El hombre Jesús crucificado aparece como un hombre abatido y humillado y
de ahí los cristianos lo habrían elevado a la categoría de Dios. Los primeros
cristianos, matizó, hicieron exégesis del Antiguo Testamento hasta identificar
a Jesús con Dios y su señorío divino a favor de todas las víctimas del mal y de
la injusticia. Jesús, a través de su kenosis o rebajamiento, ofrece otra
visión de Dios como entregado de una forma distinta, o sea, asumiendo la
naturaleza humana en Jesús para salvar a la humanidad. Todo esto impone la
aceptación del misterio y del lenguaje analógico en el discurso teológico.
Teniendo en cuenta estas observaciones de fondo, el ponente insistió en que,
para el diálogo interreligioso, sería conveniente poner el acento en el
carácter humano de Jesús a favor de los más débiles. La fe cristiana, el Cristo
de la fe, no se puede imponer a nadie ya que ésta termina y se agota en Dios y
su amor. Ahora bien, la totalidad de Dios no se cumple o agota en Jesús ya que
Él mismo fue humano y por ello no agota todas las experiencias de Dios. Las religiones
tienen que probar su validez con hechos concretos reales y en este sentido la
historia de Jesús puede ser considerada como patrimonio de la humanidad. Según
Rafael Aguirre, Jesús promovió un movimiento de renovación intra-judío en un
momento de grave crisis en Israel. Fue un líder carismático dotado de una
profunda experiencia religiosa que encontró gran eco popular. Sus discípulos
formaban un grupo peculiar dentro de Israel, al igual que otros grupos tales
como los nazarenos, los esenios, los fariseos y saduceos. Según nuestro
ponente, Jesús se dirigió al pueblo de
Israel instándole a que aceptara el Reino de Dios, pero ni se dedicó a los
paganos ni habría pretendido fundar una institución religiosa (la Iglesia) aparte de Israel.
Tras la muerte de Jesús surgió
en Palestina el “judeocristianismo”. Estos creían que Jesús era el Mesías de
Israel anunciado por los profetas. En realidad era la secta de los “nazarenos”,
los cuales seguían practicando la circuncisión y aceptaban la Ley Antigua en su
integridad. Dentro de este judeocristianismo había una tendencia radical que se
negaba a aceptar en sus filas a los provenientes del paganismo. Aceptaban que
Jesús fue un profeta singular pero no su presunta divinidad. Son los
denominados “ebionitas”, los cuales no se incorporaron nunca a la Iglesia pero
pervivieron durante mucho tiempo hasta el punto de que el propio Mahoma habría
estado en relación con ellos. De ser esto cierto resultaría que la figura que
de Jesús aparece en el Corán como profeta sería un préstamo del Jesús
reconocido por los ebionitas.
Además de los judeocristianos
ebionitas estaba el grupo judeocristiano de Jerusalén en torno al Apóstol
Santiago. Aguirre lo describe así: “En los años 43-44, Agripa mata a Santiago
el Zebedeo, y Pedro tiene que huir de Jerusalén: el grupo de los doce se
disuelve como tal y queda Santiago, el hermano del Señor, como líder de la
comunidad de Jerusalén. Aparece en ese momento dentro de la Iglesia madre un
cristianismo de carácter dinástico, de forma que Santiago es sucedido por otros
familiares de Jesús. Este grupo es estrictamente judío, pero acepta con muchas
condiciones la incorporación de personas procedentes del paganismo y acabó
incorporándose a la gran Iglesia”. Un
tercer grupo de judeocristianos palestinos habría reivindicado la figura de
Pedro como líder adoptando una postura abierta a los paganos. El otro personaje
clave del cristianismo primitivo habría sido Pablo de Tarso, el cual es
descrito como “un gran estratega, un gran ideólogo y un gran teólogo” cuya
línea de pensamiento estuvo marcada por el universalismo cristiano sin
discriminación de etnias o culturas y con una gran capacidad de integración y
convivencia. A juicio del ponente, esta visión constituye una gran novedad
histórica que estaría en la raíz del rápido éxito histórico del cristianismo
paulino. A pesar de todo Pablo no se cansa de repetir que el ser humano es un
ser libre de la Ley, de las normas y de la pureza ritual judía y de toda
vinculación étnica. Igualmente propugnó una unidad cristiana dentro de la
diversidad de comunidades en las que se reúnen gentes pertenecientes a grupos
socialmente enfrentados. Aquí radicaría la verdadera innovación histórica del
cristianismo paulino.
Alguien pidió al ponente
alguna matización histórica sobre el nacimiento de Cristo pero eludió la
cuestión remitiendo al interlocutor a alguno de los “constructos teológicos” o
tratados sistemáticos de cristología. Como el público no quedó satisfecho con
esta respuesta, matizó que desde el enfoque histórico sobre la figura de Jesús
hay que poner en el centro de atención su dimensión humana. Cuando alguien le
preguntó si fue realmente novedosa la posición de Jesús por relación al Antiguo
Testamento, respondió al tiro: “no lo sé”. Pero seguidamente matizó diciendo
que Jesús es un Maestro en toda regla dentro del judaísmo. ¿Novedad? Tal vez la
exigencia del amor a los enemigos. Sobre la relación de Jesús a Dios como Padre
y su forma de actuar como profeta el ponente eludió tajantemente entrar en
comentarios alegando que su enfoque había sido exclusivamente histórico y no
teológico y menos aún dogmático. Pero alguien insistió preguntándole si, en su
opinión, Jesús era realmente Dios o su presunta divinidad es un añadido
posterior. El ponente dijo que históricamente hablando no caben dudas de que
Jesús se sentía a sí mismo como Dios, pero no quiso entrar en ninguna discusión
sobre el tema sugiriendo que, de cara al diálogo con los musulmanes, el tema de
la Trinidad habría que ver la manera de reformularlo. Respecto a los
testimonios históricos no cristianos sobre Jesús el ponente se limitó a
recordar los más conocidos, especialmente Flavio Josefo.
Jesús fue pobre de hecho y se
decantó abiertamente por los pobres. Es significativo a este respecto el hecho
de que Jesús no tuvo interés por visitar Séforis o Tiberíades donde residían
las clases pudientes. El ponente matizó diciendo que Jesús predicó el reinado
de Dios haciendo resistencia a los reinados o poderes de este mundo
descalificando el género de cristología sensacionalista actualmente en boga
potenciada en los medios de comunicación. A su juicio, más que tratar de
falsear la verdadera imagen de Jesús de lo que se trata es de echar carnaza al
público por razones de marketing e intereses económicos al margen de cualquiera
otra consideración. Preguntado sobre las curaciones realizadas por Jesús y su
actitud ante las mujeres, contestó que, si Jesús liberaba de los espíritus
inmundos, por ejemplo, no era para integrar a las personas concernidas en el
sistema social anterior sino en los valores del Reino de Dios por Él promovido.
Sobre las mujeres destacó su protagonismo en la vida de Jesús. Pero esto no
significaría que Jesús fuera antijudío por su forma de relacionarse con ellas.
Por último, Cristo no es comparable con ninguno otro profeta. Sufrió y la cruz
fue su gran prueba al introducir un conflicto de valores. Pero la cruz nos
lleva al corazón cristiano cosa que no tiene parangón en las otras religiones.
3. Lo judío de Jesús
En la línea histórica de Rafael
Aguirre, Esther Miquel, directora del observatorio del aeropuerto de Valladolid, filósofa e
investigadora de la ética de Jesús desde la sociología del conocimiento, se propuso justificar su tesis central de
que Jesús es hijo histórico del judaísmo.
¿Por qué nos preguntamos por lo judío de Jesús y no por
lo griego de Sócrates o lo romano de Julio Cesar? Los historiadores asumen sin dificultad que
Sócrates y Julio Cesar, como cualquier otro ser humano, estaban inmersos en sus
respectivas culturas. ¿Por qué el caso de Jesús iba a ser diferente? Según la
ponente, la respuesta está en la forma tradicional de hacer cristología
poniendo obsesivamente el acento en la unicidad incomparable de la revelación
divina en Jesús. Para quienes utilizan el método histórico, la respuesta a la
pregunta por lo judío de Jesús es evidente que todo lo de Jesús es judío y
tiene sentido en el mundo cultural judío donde nació, vivió y murió. En
consecuencia, no es cuestión de distinguir en Jesús rasgos judíos de rasgos no
judíos inexistentes sino de mostrar que los rasgos de Jesús, que el
cristianismo ha opuesto tradicionalmente al judaísmo, encajan perfectamente en
el contexto sociocultural de la Palestina judía de su tiempo. Actualmente
tendemos a pensar en el judaísmo como una religión o conjunto de creencias y
prácticas relacionadas con la realidad trascendente. El judaísmo antiguo, en
efecto, tenía una importante dimensión religiosa, pero era mucho más que eso.
Era una tradición cultural y una categoría étnica al mismo tiempo. Una
tradición cultural incluye una visión del mundo, un sistema de valores y una
ética. Aunque la dimensión religiosa puede estar de alguna forma presente en
todos estos componentes de la cultura como factor de legitimación, en casi
ningún caso las abarca completamente.
El judaísmo como categoría étnica no es exactamente lo
mismo que la cultura judía o que el judaísmo como religión. Citando a Frederick
Barth, la ponente dijo que el etnicismo es una práctica cultural, observable en
muchas poblaciones humanas, que tiene por objeto diferenciar de forma pública y
notoria unos grupos de otros. Ahora bien, según ella, muchos de los rasgos con
los que la exégesis y la teología cristiana han caracterizado al judaísmo del
tiempo de Jesús no parecen haber sido uniformemente compartidos por toda la
población judía de Palestina, sino sólo rasgos seleccionados por determinados
grupos de interés para construir barreras étnicas.
El judaísmo palestino del tiempo de Jesús no sólo admitía
muchas formas distintas de construir barreras étnicas, sino que incluía grupos,
corrientes y tendencias de orientaciones muy diversas. Así, pues, a la hora de
evaluar el carácter judío de Jesús no basta con comparar sus posiciones y
prácticas con las de los fariseos o las de los grandes clanes sacerdotales de
Jerusalén –los principales oponentes de Jesús, según los evangelios - sino que
es necesario tener también en cuenta las demás formas de interpretar y
actualizar la tradición religiosa de Israel existentes en su entorno. Aunque
los datos disponibles no permiten hacer una clasificación precisa y exhaustiva,
de hecho sí es posible hablar de cuatro tipos generales de tendencias o
corrientes históricamente conocidas. Por ejemplo, el judaísmo oficial
representado por la aristocracia sacerdotal que gestionaba el templo y el
funcionariado a su servicio, probablemente los expertos en la Ley de los que
hablan los evangelios; los judaísmos de tendencia sectaria como saduceos,
fariseos, esenios y comunidad de Qumrán; y Los judaísmos de corte
filosófico-universalistas sin olvidar a los movimientos populares judíos de
renovación.
El judaísmo oficial de la época romana puede considerarse
históricamente como el heredero del judaísmo representado por las grandes
familias sacerdotales que regresaron del exilio babilónico para hacerse cargo
de la construcción del segundo templo y de la administración del territorio
semiautónomo de Judea durante el dominio persa en la región. Fue el principal
responsable de la edición del Pentateuco y de la configuración política de la
comunidad judeo-palestina, según el modelo antiguo de un Estado-Templo
subordinado a un imperio extranjero. Dado que el prestigio y el poder de
coacción de la aristocracia sacerdotal en la época romana eran muy limitados,
la población judía de Palestina disponía de un margen relativamente amplio para
elaborar por sí misma las tradiciones culturales y religiosas de Israel. No
debemos, por tanto, pensar que discrepar con las posiciones oficiales supusiera
necesariamente verse relegado fuera o al margen del judaísmo.
Los judaísmos de tendencia sectaria - saduceos, fariseos,
esenios y cumranitas- eran muy diferentes entre sí, pero tenían en común su
interés por crear fronteras étnicas para definir a los verdaderos herederos de
Israel frente a todas las naciones de la tierra y, en algunos casos, frente a
todos aquellos judíos que no compartían sus posiciones político-religiosas. Los
elementos preferentemente utilizados para crear esas fronteras son
elaboraciones del sistema de pureza y de la normativa relativa al descanso
sabático. El Jesús que retratan
los evangelios muestra un desinterés considerable por construir o mantener
barreras étnicas. Pero tampoco esto le sitúa fuera del judaísmo de su tiempo.
Sabemos que entre la élite intelectual judía de formación helenística había
quienes propugnaron un judaísmo de tipo filosófico, en el que se subrayaban los
elementos más fácilmente universalizables y se minimizaban, reinterpretaban o
rechazaban los de carácter étnico. Junto a esta tendencia universalista propia
de las clases cultivadas existía también el universalismo de quienes tenían que
enfrentarse cotidianamente con el problema de la subsistencia. Este segundo
universalismo se basa en el reconocimiento tácito y espontáneo de la igualdad
de todos los seres humanos frente a las necesidades más básicas de la vida.
En la época helenístico-romana se produjeron importantes
rebeliones de esclavos a las que se adherían individuos procedentes de lugares
y culturas muy diversas. Casi todas ellas tenían una legitimación religiosa que
apelaba a algún dios con rasgos universalizables cuya función principal era
velar por el mantenimiento de la justicia y proteger a los más vulnerables.
Entre los movimientos populares judíos encontramos algunos que podrían
responder a este perfil. Dirigidos por jefes carismáticos intentaban reproducir
la entrada de Israel en la tierra prometida en tiempos de Josué. Probablemente
el rasgo de este episodio legendario, que más atraía a los seguidores de estos
movimientos, era la repartición equitativa de la tierra entre las doce tribus
de Israel. Estos movimientos estaban formados por gentes sencillas que no
tenían interés ni capacidad para elaborar y menos aún cumplir las complejas
normativas de los sistemas de pureza. La clasificación del movimiento de Jesús
como un movimiento popular judío de renovación religiosa nos permite situarlo
dentro del judaísmo plural de la época romana anterior al año 70, dando al
mismo tiempo razón de aquellos rasgos de Jesús que chocaron con las posiciones
de los sumos sacerdotes y de los grupos sectarios de su tiempo. Estos rasgos
son precisamente aquellos en los que solía apoyarse la exégesis cristiana
tradicional para afirmar erróneamente el carácter no judío de la persona y el
mensaje de Jesús. En resumidas cuentas, que Jesús, históricamente hablando, fue
hijo de su tiempo cultural y étnicamente.
4. Soy José, vuestro hermano. Hacia el
reencuentro entre judíos y cristianos
Ahora tomó la palabra Mercedes Huarte Luxan, Licenciada
en Filosofía, profesora en la Universidad de Comillas y en San Pablo CEU. El
título de su ponencia está inspirado en las palabras que Juan XXIII pronunció
en el acto de recepción de judíos por primera vez en el Vaticano para
reflexionar acerca de la reconciliación entre judíos y cristianos después de
tantos siglos de desencuentro doloroso. Al principio, las tensiones se
produjeron dentro de la comunidad judía, ya que los que veían en Jesús al
Mesías y al Hijo de Dios fueron perseguidos por quienes no lo admitían como
tal. Pablo, tras pasar de perseguidor a perseguido esbozó la primera teología
cristiana sobre los judíos en base a que el rechazo de Jesús por parte de la
mayoría de los judíos habría servido para que el mensaje cristiano se ofrezca a
todos los pueblos. Pero "si su caída es riqueza del mundo, ¿cuánto más lo será su plenitud? Quizá
esa esperanza de Pablo en la conversión final de los judíos fue lo único que
los salvó de una destrucción total a manos de los cristianos, que no atendieron
a las otras palabras de Pablo (Rom 11,18): "no te enorgullezcas contra las
ramas; que si te enorgulleces, no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz
a ti”.
En su primer siglo de existencia los cristianos
mantuvieron continuidad respecto al judaísmo con las mismas escrituras, los
mismos modelos de oraciones y las mismas obligaciones rituales. Y como un grupo
judío más fueron objeto de burla por parte de los romanos, que no
distinguían entre ellos a la hora de acusarles, como Tácito, de adorar una
cabeza de asno o de cometer asesinato ritual. Eran así víctimas de la misma
incomprensión que habían sufrido sus antepasados comunes por parte de los
pueblos paganos. Sin embargo, a partir del siglo II comenzaron a destacarse
cada vez más las diferencias.
San Justino, aunque defendió contra Marción que el Antiguo Testamento y el
Nuevo forman una unidad, mantiene que el primero sólo tiene valor en relación
con el nuevo. Abraham, Isaac, Moisés y los profetas no son sino
"figuras" y preanuncios de Cristo. El pueblo judío desempeñó su
papel, pero dejó de tenerlo con la venida de Jesús a quien no reconoció como
Hijo de Dios y a quien dio muerte, por lo que se habrían hecho merecedores de
los sufrimientos que soportan. Comenzó así, según la ponente, la teología de la
sustitución de la Iglesia por el verdadero Israel, que fue desarrollada
principalmente por los Padres de la Iglesia desde el siglo IV dando pie a una
lectura del Antiguo Testamento en la que se ponían del lado cristiano todas las
bondades al tiempo que se tomaba del propio texto sagrado un arsenal de
acusaciones contra los judíos. El caso más
flagrante habría sido el de San Juan Crisóstomo, el cual de los
textos proféticos que tratan a la idolatría como adulterio deduce que "la
sinagoga es un lupanar y lugar de todos los vicios". Añadiendo que
"los judíos inmolan a sus hijos al diablo" y concluyendo que
"Dios los ha odiado siempre". En consecuencia, había que separar la
celebración de la pascua cristiana de la judía para "no tener nada que ver
con el pueblo judío, culpable de los crímenes más atroces". En
ocasiones se produjeron revueltas populares contra los judíos instigadas por
los obispos, aun en contra de las disposiciones de los emperadores. Es célebre
a este respecto el caso de la sinagoga de Callinicum, destruida en el 388, y
cuya reconstrucción por los cristianos, ordenada por Teodosio, fue impedida por
San Ambrosio. Por otra parte, después del edicto de Milán (313), que declaró al
cristianismo religión lícita pero mantenía la tolerancia respecto al judaísmo,
fueron promulgándose progresivamente códigos legales restrictivos de los
derechos de los judíos.
Al comienzo de la Edad Media hubo en Europa un período de
relativa concordia, pero con la excepción de la España visigoda, en la que se
promulgaron medidas de extraordinaria dureza contra los judíos, con expulsiones
y bautismos forzosos, y por primera vez en la historia hubo una legislación
peor para los conversos que para los judíos. Por el contrario, San Gregorio
Magno pedía que se los atrajera a la fe "mediante la dulzura y la
persuasión". Esa situación cambió a partir del siglo IX, cuando en
Europa se comenzó a demonizar la figura del judío acusándolo de todos los
males. Lo cual sirvió de preparación para las cruzadas en las que se masacró a
miles de judíos. Y todo esto a pesar de las protestas de S. Bernardo, que
recordó que "quien los toca, toca la niña de los ojos de Dios". Más
adelante, en el IV Concilio de Letrán (1215), se emitieron varios decretos
contra los judíos, como la obligación de llevar un distintivo en la ropa o la
prohibición de desempeñar cargos públicos y de practicar la artesanía o el
comercio. Otra vez España fue una excepción, pues tanto en los reinos
musulmanes, hasta la llegada de almorávides y almohades a mediados del siglo XII,
como en los cristianos hasta mediados del XIII, los judíos vivieron en paz y
ocuparon puestos importantes en la sociedad. En el resto de Europa, se tomaron
varias excusas para la persecución, como las acusaciones de asesinar a los
niños para utilizar su sangre en el culto, por las que afirmaba el Papa
Inocencio IV en 1247: "se les condena a la muerte más ignominiosa, de modo
que los judíos llevan entre nosotros una existencia más deplorable que sus
antepasados bajo el faraón en Egipto". O de envenenar los pozos y causar
la peste negra, aun en contra de las condenas de Clemente VII que recordaba que
los judíos morían de peste igual que los cristianos. La Edad Media
terminó en España con la expulsión de los judíos y el restablecimiento de los
tribunales de la Inquisición y los estatutos de pureza de sangre. Se llegó así
a la absurda situación de que, para pertenecer a una orden religiosa como
jerónimos, dominicos o franciscanos, había que demostrar que no se tenían
antepasados judíos.
Ya en la Edad Moderna se construyó en Venecia el primer
ghetto. Y Lutero, al principio favorable a los judíos, acabó asumiendo todas
las acusaciones anteriores e incluso pidió que se fueran a crear un nuevo
Estado de Israel. Su obra De los judíos y sus mentiras fue aprovechada
por la propaganda nazi. Tampoco por el lado católico, a pesar de que el
Concilio de Trento afirmó la responsabilidad de todo el género humano en la
muerte de Cristo, terminaron las acusaciones de pueblo deicida. En la
Ilustración se repitieron todas las calumnias conocidas y, ya en el siglo XX,
el semanario La Croix de París, colocó en su primera página el siguiente
lema: "Cristiano y antijudío son dos palabras inseparables".
En Alemania, de una legislación que permitía la plena
inclusión de los judíos en la sociedad civil se pasó a una nueva justificación
de la discriminación basada ahora en el racismo. Se trata del antisemitismo que
pretendió apoyarse en la ciencia para tachar a los judíos como raza inferior.
Aunque la ideología nazi era pagana y no cristiana, utilizó el sentimiento
antijudío presente en la población cristiana. Para justificar los pogroms, la propaganda zarista había
utilizado Los protocolos de los sabios de Sión, obra en la que se
desenmascaraba la presunta conspiración de los judíos para dominar el mundo.
Esta obra tuvo gran éxito editorial en la Alemania nazi y lo sigue teniendo
actualmente en los países árabes. Tras la llegada de Hitler al
poder en 1933, "miles de auténticos católicos en Alemania, -escribió Santa
Edith Stein a Pío XI en 1933- esperan que la Iglesia de Cristo levante la voz pues nos tememos lo peor para la imagen de la
Iglesia si se mantiene el silencio por más tiempo". Sin embargo,
aunque hubo muchos cristianos, laicos y religiosos, que arriesgaron su vida
para salvar a judíos, en opinión de la ponente, las voces que se levantaron no
fueron suficientes y el horror en el que esto desembocó son los seis millones
de muertos, entre ellos millón y medio de niños. El museo Yad
VaShem, dedicado a la memoria del Holocausto en Jerusalén, tiene este emblema:
un alambre de espino del que brota una rama de olivo, la esperanza que surge
después del horror.
Una de las facetas de esa esperanza es el reencuentro de
judíos y cristianos. En el comienzo del camino se alzan dos figuras, una judía
y otra cristiana: Jules Isaac y Juan XIII, cuyo encuentro está en la base de la
declaración Nostra Aetate del Vaticano II, sobre las relaciones de la
Iglesia con las religiones no cristianas. El primero, historiador, víctima de
la persecución nazi en la que perdió a su esposa, investigó las raíces del
antisemitismo y concluyó que no se hallaban en los evangelios y añadió: "Tal
vez esté reservado hoy a Israel el don de restituir a los cristianos el
verdadero rostro de Jesús". Y el Papa Juan rezó: "Durante siglos
nuestro hermano Abel ha yacido en la sangre que nosotros hemos hecho brotar y
ha llorado las lágrimas que nosotros hemos causado al olvidar tu amor.
Perdónanos por el anatema que tan erróneamente unimos al nombre de judío.
Perdónanos por haberte crucificado una segunda vez en su carne. Perdónanos
porque no sabíamos lo que hacíamos". El diálogo posterior se centró
principalmente en el celibato de Jesús y la persecución de los cristianos por
parte de los judíos. La ponente confesó que no había estudiado el tema de la
soltería de Jesús pero que en los textos está bien claro que Jesús fue célibe.
Y no por las razones que fueron célibes otros personajes como los cínicos sino
por un motivo superior como la dedicación total a la predicación del reino de
los cielos. Como había insistido de forma unilateral en la persecución de los
judíos por parte de los cristianos, a pesar de las honrosas excepciones
mencionadas, alguien replicó recordando la conducta beligerante de los judíos
contra los cristianos. La ponente trató de equilibrar su enfoque reconociendo
que los daños fueron en ocasiones mutuos si bien los judíos habrían llevado la
peor parte.
5. Lectura judía de Jesús de Nazaret
Y llegó el momento de escuchar a Roly Zilberztein. Es
comprensible que la opinión de un judío sobre la persona de Jesús fuera
esperada por todos con expectación. Y más aún en este caso cuando se trata de
un hombre joven, Doctor
en Historia Judía Medieval por la Universidad Hebrea de Jerusalén y que se
preparaba en la Freie Universitaet de Berlín con vistas a su promoción
rabínica. Comenzó celebrando el hecho de haber sido invitado a participar en
este encuentro en un lugar tan emblemático como la ciudad de Ávila y el
monasterio de Santo Tomás por lo que este lugar significa históricamente en las
relaciones judeo-cristianas. Su ponencia consistió en hacer una exégesis del
significado anticristiano de algunos textos del Talmud en los que se habla
contra la figura de Jesús. Antes de proceder a descifrar el significado de los
textos talmúdicos hizo unas aclaraciones previas muy interesantes sobre la
génesis del Talmud a partir de la la Mishná tomando como punto histórico de
referencia la destrucción de Jerusalén el año 70 por el ejército romano.
A partir
de este traumático acontecimiento el judaísmo trató de reconstruirse en base a
la Mishná al tiempo que el cristianismo lo hacía en base al Nuevo
Testamento. En realidad, según el ponente, se trata de dos lecturas distintas
del Antiguo Testamento. Matizó que el judaísmo es muy complejo. Hay judíos para
todos los gustos. En tono humorístico se dice que en cada lugar hay dos
sinagogas distintas y una tercera para rezar. Luego añadió que el judaísmo
plural contemporáneo es una derivación de la Mishná o judaísmo
restaurado y no del judaísmo del Templo destruido el año 70. Por otra parte,
insistió, en lugar de pensar que el cristianismo es hijo del judaísmo sería más
correcto pensar que el judaísmo y el cristianismo son religiones hermanas por el simple hecho de que después del
desastre del año 70 ambas surgen y sobreviven como dos formas diferentes de
interpretar la Biblia judía o Antiguo Testamento. En el fondo de la polémica
estaba en juego la cuestión sobre quién tenía las garantías de la Palabra
divina. Así las cosas, los judíos habrían optado por la religión legal sobre la
base de normas de conducta y prácticas religiosas, y los cristianos habrían
optado por la reflexión teológica al estilo de la cultura griega.
Un dato
muy interesante destacado por el ponente al explicar la génesis del Talmud
fue el siguiente. Los rabinos protagonistas de la restauración del judaísmo
reinterpretaron la Biblia del Templo siguiendo técnicas griegas, lo que dio
lugar a la Mishná. Pero ¿qué autoridad tenían esas reinterpretaciones?
Según el ponente, para asegurar su autoridad, los rabinos dijeron que estaban
respaldados por Dios. La Mishná derivó con el tiempo en el Talmud
y los rabinos se atribuyeron una autoridad presuntamente recibida de Dios. El
ponente insistió mucho en que la Biblia viene del judaísmo del Templo mientras
que el Talmud, del que se alimenta el judaísmo actual en sus múltiples formas
de expresión, se inspira en la Mishná. En cualquier caso el Talmud es
actualmente la base para entender la Biblia judía o Antiguo Testamento. Antes
de proceder a la lectura e interpretación de los textos talmúdicos
anticristianos el ponente advirtió una y otra vez que son muy fuertes por lo
que podrían herir la sensibilidad de algunos cristianos. Pero insistió en que se
trata de leyendas calumniadoras y no de relatos históricos como piensan los
judíos fundamentalistas. Los textos talmúdicos, traducidos directamente por
Roly Zylbersztein al castellano con aclaraciones entre paréntesis así como
frases y palabras en cursiva para facilitar la lectura y comprensión de su contenido
anticristiano los publiqué en Studium 48 (2008/3). Se trata de cinco textos
escritos en un lenguaje casi ininteligible a menos que uno sea un experto como
Roly Zylbersztein.
Sobre el
primero de ellos hizo las siguientes matizaciones. Los rabinos que lo
escribieron conocían los evangelios pero los interpretaban de forma distinta
que los cristianos. Por ejemplo, se sustituye el término crucificado y en su
lugar se dice “colgado”. Las curaciones son presentadas como brujerías y Jesús
es presentado como políticamente cercano al Gobierno de Roma como potencia
colonizadora. El término heraldo es utilizado en el contexto de una
contra-narración evangélica en la que Jesús predice su muerte y resurrección.
Por otra parte lo de “colgado” permite ser interpretado en el sentido de que la
ejecución de Jesús fue un asunto interno exclusivamente judío de suerte que los
rabinos no tuvieron ningún inconveniente en asumir que fueron ellos quienes de
hecho ejecutaron a Jesús en castigo merecido por haber fundado una herejía
dentro del judaísmo. Sobre el texto segundo dijo que Jesús es
descrito como rabino y el mensaje de fondo que se desea transmitir es que Jesús
cometió errores que le obligaron a alejarse del gremio por culpa de los propios
rabinos. Por otra parte se le imputa a Jesús el haber pecado mirando
sexualmente a una mujer, de practicar la magia y confundir al pueblo de
Israel. Según la exégesis de Roly en el texto tercero está claro que se acusa a Jesús de hereje merecedor de la
condena más severa por cuenta propia de los rabinos al margen de la justicia
romana. La evocación de prostitutas y dinero procedente de la prostitución no
es tampoco casual sino intencionada para minar la reputación personal de Jesús.
El texto cuarto es breve pero muy difícil
de descifrar su contenido en conjunto. Pero en lo que no admite
según Roly, es que se trata de un texto
anticristiano con alusiones veladas a presuntas formas de conducta sexuales
sospechosas por parte de Jesús y se su familia. Este sería el argumento aquí
utilizado como arma arrojadiza contra Jesús. Esto se aprecia más claramente en
el texto quinto, que también es breve y relativamente fácil de descubrir su
significado. Según Roly Zylbersztein, en este texto se cuestiona el nacimiento
de Jesús según el relato evangélico. El padre de Jesús habría sido hijo de un
legionario o soldado romano con el que María, su madre, habría tenido
relaciones adulterinas, y no descendiente de la estirpe de David como pretenden
los evangelios. Este texto es una contra-narración al relato evangélico sobre
el nacimiento de Jesús, con el objetivo de echar por tierra la fe cristiana
sobre este tema. Según la mentalidad judaica en la que se inspira este texto,
tanto en la genealogía de Jesús según S. Mateo como en la genealogía de David
aparecen mujeres de dudosa conducta sexual y prostitutas en el camino, lo cual
afectaría a la propia reputación personal de la madre de Jesús y del propio
Jesús. Por otra parte, las obras presuntamente milagrosas de Jesús, según los
evangelios, no serían milagros sino obras de brujería. Jesús no habría sido un
taumaturgo sino un ingenioso mago. Estos textos, insistió una vez más nuestro ilustre ponente, son
calumniosos y sólo reflejan la mentalidad de las personas que los redactaron y
de ningún modo el pensamiento de la mayoría actual de los grupos judíos. De
hecho, durante algún tiempo estuvieron censurados dentro del judaísmo y si
ahora reaparecen es sólo a título de información, lo cual, en su opinión, es
bueno para que el diálogo judeo-cristiano se lleve a cabo a la luz de la verdad
y no de ocultaciones y calumnias provenientes de los sectores fundamentalistas.
A la
pregunta sobre qué piensa el judaísmo actual sobre el denominado Jesús
histórico y el cristianismo en general respondió lo siguiente. Jesús y el
movimiento cristiano por Él puesto en marcha fue un evento muy importante
dentro del viejo judaísmo del Templo. De ahí el interés actual por rescatar lo
específicamente judío de Jesús. Lo cual significa que hay que rescatar la
figura de Jesús como un personaje esencialmente judío. El judaísmo actual
quiere saber quién fue Jesús como hombre real en el contexto de la historia del
fariseísmo una vez que siguió a su modo métodos de inspiración farisea. Los
judíos actuales, matizó, se sienten orgullosos de considerar a Jesús
históricamente como uno de los suyos sin entrar en cuestiones teológicas sobre
su persona y sus actividades. Esto significa que, de cara al cristianismo, los
judíos de todos los colores están siempre de acuerdo en lo siguiente. La figura
de Jesús no es aceptada por nadie dentro del judaísmo como personificación del
Mesías. Este es un límite infranqueable. Hasta tal extremo que sólo cuando un
judío acepta la mesianidad de Jesús se pone automáticamente fuera de las
amplias fronteras del judaísmo y es considerado como extraño. Y lo que es más.
El judaísmo no es sólo una religión que rechaza la mesianidad de Jesús sino
también un pueblo étnico cuya identidad entre los pueblos reclama ese rechazo
de la mesianidad de Cristo asumida por el cristianismo.
6. La presencia judía en la literatura del Siglo
de Oro español
Javier Fernández Vallina, Doctor en
Filosofía y profesor de Estudios Hebreos en el Instituto de Ciencias de
las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid describió el panorama de
un tiempo y cultura complejos que recorre casi dos siglos de nuestra historia
colectiva, que iba a ser el fruto y la expresión de las llamadas tres culturas
del Libro: la cristina, la arabo-musulmana y la judía. Un panorama literario,
que obedeció a dos momentos históricos y artísticos diferentes y de diversa
mentalidad y sensibilidad, como lo son las expresiones más renacentistas o
barrocas, que darían frutos distintos de la más alta calidad que los convierten
en clásicos.
Respecto a la presencia judía se impone la distinción
entre la propia tradición de esta cultura y la creatividad que han aportado esa
larga lista de creadores conversos de nuestra mejor literatura y que habría ya
comenzado con el autor de La Celestina reflejando a la historia de
nuestra mejor picaresca. Existe,
dijo, una pléyade de autores que no se detiene en los mejores ejemplos
de la mística española, con Santa Teresa, San Juan de la Cruz o Fray Luis de
León, sino que llega, al parecer, hasta Gracián y Góngora, sin olvidar la
polémica que nos acompaña al hablar de estos temas sobre Cervantes. Esta
presencia judía e impronta de los conversos recorre un caudal literario que
abarca muchos géneros, multitud de temas y problemas, adoptando sustancialmente
la sensibilidad renacentista y barroca teniendo como referencias al Imperio y a
un preponderante catolicismo tridentino. El hebraísmo culto, insistió, se había
instalado ya en las Universidades de Salamanca y Alcalá con la pluma de muchos
de nuestros mejores humanistas, varios de los cuales más fueron conversos y nos
dejaron ese monumento de la filología y cultura que prodigó Cisneros en la
Biblia Complutense. El estudio de toda esa tradición hebrea resultó tan
apasionante que en el imperante catolicismo se la pretendió ver diferenciada de
lo judío para mejor servir a lo cristiano. Resulta también la evolución del
estudio de la polémica topo-etimológica de los nombres que tratan de conjurar
la memoria de la España judía desde Arias Montano hasta el propio Cobarrubias.
Durante los siglos XVI y XVII, matizó el ponente, se
resaltó cómo al tratamiento del carácter "subversivo" de la Picaresca
le cabe la filiación conversa, que estaría igualmente presente con análoga
característica y mayor fecundidad heredada en la mejor creación mística del
siglo de oro, sin que ésta vea disminuida por ello su ejemplar singularidad
literaria y espiritual. También atravesarán los conversos con su sello, valores
y tipologías el crecimiento de la libertad que expresa la creación literaria
hasta tomar pleno asiento en el propio Cervantes. Sin olvidar el estereotipo
judío como sujeto del deicidio y protagonista de infamias y objeto de estigma
históricos, que reflejará el género oratorio. Por otra parte la calidad
lingüístico-literaria culminó en la Execratio de Quevedo en tiempos de
nuevo convulsos y políticamente interesados. El puente se refirió también a ese
otro modo de estereotipo edulcorado y siempre duro que culminará en el papel
protagonista que Calderón otorga a la Sinagoga, al Judaísmo o a lo judío en
muchos de sus Autos Sacramentales. Terminó destacando la presencia relevante
del judaísmo en la vida y literatura del denominado Siglo de Oro español. Otra
cosa es la interpretación que de una y otra parte se haga de la misma. Así, en
la literatura picaresca el influjo judío puede apreciarse en su carácter
subversivo. En la literatura mística ese influjo se aprecia en la expresión religiosa
que va más allá de los esquemas tridentinos. A pesar de los resabios antijudíos
existió un caldo de cultivo que favoreció el influjo judaico en la cultura del
denominado “siglo de oro español”.
7. Visión
cristiana del Judaísmo hoy
El ponente en esta ocasión fue el profesor Miguel Ángel Medina, O.P.
Desde el primer momento sintonizó con Roly Zilberztein presentando un esquema brillante sobre el legado común a
judíos y cristianos actualmente existente con vistas a profundizar en su
contenido y limar lo más posible las diferencias de una forma realista y más
civilizada que en tiempos pasados. Ninguna religión es una isla y ni el
judaísmo ni el cristianismo pueden ser una excepción ya que Dios va por delante
de judíos y cristianos como si fueran dos criaturas suyas mellizas. A pesar de
todo han transcurrido ya más de dos mil años variaciones interpretativas del
mesianismo y de mutua incomprensión.
Empezó
destacando la fecha fatídica del 70 después de Cristo cuando Tito arrasó
Jerusalén y se produjo la dispersión de judíos y cristianos. Ninguna religión es una isla, dijo, y todos estamos
comprometidos desde nuestras respectivas profesiones de fe con los demás
hombres. Según la interpretación rabínica, el Señor Dios dijo a Moisés: “Allí
donde veas las huellas del hombre, allí estoy yo delante de ti.”Y Jesús: “lo
que hicieras a uno de mis pequeños hermanos”… Y Juan Pablo II en la sinagoga de
Roma: “vosotros sois nuestros hermanos mayores”. Refiriéndose al secular desencuentro entre judíos y cristianos Medina
recordó las palabras de del rabino askenazi: “Ni siquiera somos hermanos
separados, pues nunca nos hemos encontrado”. Y, sin embrago, en palabras del
judío Alan Segal, judaísmo y cristianismo son dos brotes mellizos surgidos de
la religión hebrea. O, como afirma Martin Buber, dos variaciones sobre el tema
del mesianismo. Desde el principio, ambos eran similares y diferentes. El
cristianismo surgió de los elementos mesiánicos y escatológicos de la religión
hebrea, mientras que, según algunos, el judaísmo rabínico habría surgido en
gran parte de elementos no mesiánicos que llevaron a la destrucción del año 70.
Después de 2000 años de
incomprensión y violencias, el cristiano considera al judío como el hombre obstinado
que rehúsa ver lo que ha ocurrido; y el judío conceptualiza al cristiano como
el hombre incomprensiblemente atrevido que afirma en un mundo irredento que su
redención se ha cumplido. La decisión birkat ha-minim, tomada en Jamnia
(90-100d.C), tuvo gravísimas consecuencias para las dos familias de creyentes.
Entre las 18 decisiones tomadas, hay una contundente, la Shemoné Esré: “Que los apóstatas no tengan esperanza y que el reino
de la maldad sea desarraigado en nuestros días. Que los notsrim y los minim
desaparezcan en un abrir y cerrar de ojos. Que sean borrados del libro de los
vivos y no sean inscritos con los justos. Bendito seas tú, Adonai, que abates a
los orgullosos”. Esta la bendición (maldición) iba dirigida contra los judíos
colaboradores con Roma y contra los judeocristianos. Fue un golpe dirigido al
corazón de las relaciones entre judeo-cristianismo y el resto del pueblo judío.
Obligados los judeocristianos a maldecirse a sí mismos en la oración que todo
judío recitaba tres veces al día, los éstos sólo podían o apostatar de su fe en
Jesús o aceptar la expulsión de las sinagogas. Puede ser que se tratara de un
mero asunto de disciplina interna dentro del judaísmo, pero eso no puede
ocultar la realidad de que la bendición contra los minim arrojaba a los judeocristianos fuera del seno de un pueblo
que era el suyo propio y de una fe que era también la suya, aunque los fariseos
estuvieran modelándola progresivamente según su visión, acentuando así las
diferencias.
No resultó mejor la
forma en que los datos sobre el judeo-cristianismo y su fundador fueron
recogidos en las fuentes rabínicas. Jesús fue descrito en términos claramente
negativos como bastardo, hijo de una adúltera; brujo, hechicero y blasfemo, que
habría sido ejecutado por haber seducido al pueblo. Y si esta era la opinión
del Maestro, el retrato de los judeocristianos no resultó más amable. De todo
lo cual resulta evidente que al menos cierto sector del rabinismo optó por la
denigración de Jesús de Nazaret y de sus seguidores a los que consideraba
incompatibles con la visión de Israel. El judaísmo presentó así una imagen peyorativa
de Jesús y habrá que esperar hasta el siglo XX para que el hermano mayor
reconozca en Jesús a un judío y no a un blasfemo; a un hijo digno de su pueblo
y no a un desorientador del mismo como lo presentaban las fuentes talmúdicas o
el Toledot Ieshu.
Para el
cristianismo la situación no se reveló menos dramática. Implicó, si no una
ruptura con las raíces del cristianismo, presentes en el judaísmo, sí una
adulteración de las mismas. La ausencia de conexión pronto llevó a los
cristianos a ver a los judíos como adversarios mortales. Ahí se encontró la
base de ese lenguaje religioso cristiano en el que se hablaba de la ceguera o “perfidia” de los judíos. Por
su parte, los judíos promulgaron unas disposiciones para evitar todo trato con
los goyim o no‑judíos, dividiendo a
los hombres en judíos y no‑judíos, excluyendo a estos últimos incluso de la
“ley del amor” y de otras leyes que son válidas sólo para el judío. A pesar de todo, matizó el
ponente, las cosas van cambiando a mejor aunque no todo en el monte es orégano. Compartimos la riqueza de un patrimonio común y aparece
con mayor nitidez el designio de Dios en el que se inscribe la misión del
pueblo judío y despunta la misión de la Iglesia. Confrontadas ambas realidades,
aparece ese profundo misterio, que es al mismo tiempo un gigantesco desafío. En ambas
comunidades encontramos una grata coincidencia en cuestiones fundamentales como
la visión de Dios y el mundo, la creación, la naturaleza del hombre y su lugar
en el universo, la Providencia, la
Alianza, la Biblia así como los principales valores éticos y derechos humanos
que de ella se desprenden. Pero al mismo tiempo siguen existiendo importantes
diferencias que el ponente describió minuciosamente en dos niveles, dogmático y
procesal, evocando cuestiones específicas de la dogmática cristiana y
dificultades que impiden la posibilidad de entendimiento cuando hay que hablar
de la Biblia judía y la Biblia cristiana o las relaciones entre la razón humana
y la religiosa; y más aún cuando se topa con el tema innegociable de la
mesianidad. Algunas de las ideas troncales de la ponencia fueron las
siguientes:
Convicciones cristianas
actuales ante el judaísmo: “Para el
cristianismo, la perennidad de Israel no es solamente un problema de relaciones
exteriores que debe llevar adelante, sino un problema interior que debe
profundizar y que atañe a su propio ser. El camino que estamos emprendiendo es
cuesta arriba; ha sido poco explorado en exégesis y en teología, pero debemos
avanzar en ambos sentidos. De no hacerlo sobre esta doble vía, el diálogo entre
judíos y cristianos seguirá siendo superficial, limitado y lleno de
restricciones mentales. Este diálogo está iniciándose y sólo podrá avanzar si
ambas partes toman conciencia de la contemporaneidad de la otra”. El cristianismo
es el árbol que crece de la semilla del judaísmo y cubre con sus ramas toda la
tierra, pero el fruto de ese árbol contiene la misma semilla. Citando a Juan
Pablo II: “Nuestras dos comunidades religiosas están vinculadas al nivel mismo
de su propia identidad”. No en vano Pablo advirtió a los cristianos: “no te
engrías, pues no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz quien te
sostiene…es el judío quien te sostiene porque “la salvación viene de los
judíos”.
Declaración de cierta comunión de bienes:
Palabras del cardenal Ratzinger: El diálogo de los cristianos con los judíos reside
en un nivel diferente (que con otras religiones). La fe testimoniada en la
Biblia de los judíos, no es para nosotros una religión diferente, sino el
fundamento de nuestra propia fe”. “El judaísmo es una
suerte de raíz y tronco donde hemos sido injertados (cf. Rm 11, 16‑18) para
participar de la "israelítica dignitas" (CEC 528). Los judíos
no quedaron fuera de la Alianza, como si ésta hubiera sido cedida a los
cristianos, sino que los cristianos participamos de la Alianza irrevocable que,
también hoy YHWH hace ante todo con su pueblo judío, ya que los dones y la
elección de Dios son irrevocables" (Rm 11, 28‑29). Esta relación peculiar
con el judaísmo implica valorar un patrimonio común.
Valor salvífico del judaísmo
actual. Citando al cardenal Kasper, dijo que
“el judaísmo es un
verdadero camino salvífico para los judíos”. Lo cual significa que la Alianza
nunca revocada hace que la religión judía tenga valor salvífico para sus fieles
[....] porque Dios es fiel a sus promesas”. Esto es importante pero no basta ya
que “cualquier planteamiento que se realice acerca de las relaciones entre el
Antiguo y el Nuevo Testamento se aplica también a la relación entre la lectura
judía y la lectura cristiana de la Biblia hebrea. Aquí se plantea una seria
dificultad a la hermenéutica cristiana ya que cuando se propone la aplicación
del AT a Jesucristo, como si fuera el único o el principal modo de comprenderlo
adecuadamente, se declara innecesaria o inútil ‑cuando no falsa, ignorante u
obstinadamente incrédula‑ la hermenéutica que haga un judío de su Biblia”.
La importancia permanente del Antiguo Testamento. El ponente enfatizó mucho en la
conveniencia de no presentar por parte cristiana el Nuevo Testamento como
alternativa definitiva y absoluta al Antiguo Testamento. Sería mejor hablar de
la Biblia con su anverso y reverso. La expresión “Antiguo” Testamento sólo
indica su procedencia; antigüedad no es caducidad. Por otra parte, la expresión
“Nuevo” sólo indica “renovado” y no “alternativo”. Los cristianos no podemos
entender el calado teológico del NT marginando o sub-considerando el AT. Pero
¿cómo llegar a un acuerdo con el judaísmo sobre la naturaleza del NT como
renovación del Antiguo? No es un escollo menor para el diálogo judeocristiano
incluso hoy día cuando las relaciones han mejorado tanto respecto del pasado.
Está en juego el significado de modelos hermenéuticos como los binomios
teológicos siguientes: Promesa y cumplimiento, prefiguración y
realización; oposición y contraposición; superación y sustitución. “La herencia común, matizo el ponente, es la Biblia.
Herencia que para nosotros los cristianos conlleva la necesidad de los judíos,
porque ellos tienen con la Escritura una especie de afinidad carnal; porque,
contra todo dualismo, dan testimonio de la unidad viviente del hombre
interpelado por Dios; porque sigue siendo el pueblo que destruye ídolos y
denuncia las ideologías antiguas y nuevas.
Al servicio del bien y del
conjunto de toda la humanidad. Judíos
y cristianos tienen una vocación y un principio común diseñado en la Biblia
proveniente de Dios. Por lo mismo la posición del pueblo judío y de los
cristianos como vigías y testigos del reino de Dios desafía a todo imperio de
los hombres ante la entera humanidad. No en vano la primera regla de acción que
resume la Ley y los Profetas es el mandamiento del amor a Dios y al prójimo,
tal como se encuentra en el Levítico (19,18) y en Mateo 22,37-39, para imitar y
participar en el amor recibido del Mesías. Una mirada profunda nos permite
discernir que ambas visiones mesiánicas tienen una fuente común en Dios. Esta
convergencia moral entre judíos y cristianos les permite llevar adelante con
respeto y fuerza su propia misión hacia la humanidad. Para ambas espiritualidades,
las exigencias del amor deben ser rigurosamente atendidas y estructuradas por
el respeto a la voluntad divina. Un encuentro fecundo podría recordar a los
cristianos que no pueden omitir lo que Dios ordena, y a los judíos, que el
mandamiento del amor que encabeza el shemá
debe inspirar todas las actitudes que de él derivan, tanto en las
relaciones humanas como con respecto a Dios. El cristianismo ha ofrecido a
todas las naciones del mundo, a veces bajo formas secularizadas, el don del
Sinaí, don que sigue obligando a cristianos y judíos para el bien de toda la
humanidad Jesús afirma, “La salvación viene de los judíos” (Jn 4,22). Si no
hubiera judíos, la universalidad cristiana podría disolverse en un humanismo
abstracto. Si no hubiera cristianos, ¿podría el judaísmo, portador de la
bendición prometida a todas las naciones, llevar adelante su misión específica?
El encuentro entre judíos y cristianos es necesario para ambos, para enmendar
lo que seguramente Dios les está exigiendo. Tanto su experiencia común
como sus percepciones divergentes de la
bendición divina, revelan el rostro de la unidad y de la comunión universal
basada en la Promesa hecha a Abraham, anunciada por los Profetas, atestiguada
por la Iglesia católica.
El ponente concluyó su emotiva y optimista
intervención con estas palabras: “La misteriosa diferencia y al mismo tiempo
increíble parentesco entre judíos y cristianos nos llevan a todos al camino de
la tesuvah. Ésa es la enseñanza
bíblica fundamental que nos es común a todos. Por ser todos, judíos y
cristianos, pecadores, atravesamos la historia en la dualidad Iglesia-Sinagoga,
provocada por el endurecimiento de unos y otros, siendo cada uno interior al
endurecimiento del otro. Lejos de toda teología cristianizadora del judaísmo y de
toda teología judaizante del cristianismo, habremos de ser testimonios vivos de
lo que Martin Buber expresó: es la Alianza del mismo Dios Vivo lo que nos hace
existir a judíos y cristianos y crea una comunidad más allá de la ruptura”. Respondiendo a las preguntas de la audiencia
el ponente hizo algunas matizaciones como la siguiente. El concepto de prójimo
al que está destinada la salvación, en el cristianismo es universal abarcando a
todo ser humano de cualquier pueblo, raza, cultura o condición moral o sexual.
En el judaísmo, en cambio, el concepto de prójimo queda restringido a los bíblica
y étnicamente considerados judíos así como a sus allegados y simpatizantes. Y,
por supuesto, excluidos siempre sus presuntos enemigos.
8. Lectura
islámica de Jesús de Nazaret
Sobre la
visión islámica de la figura de Jesús disertó Montserrat Abumalham, doctora en
Filología Semítica y profesora del Departamento de Estudios Árabes e Islam de
la Universidad Complutense de Madrid. El mensaje central de esta erudita
ponencia fue el siguiente. La figura de Jesús de Nazaret, el Mesías, hijo de
María, es fundamental en la tradición profética musulmana en la que ocupa no
sólo un lugar de profeta sino también de un enviado que ha recibido la
revelación. Aparece así mismo como precursor del profeta Mahoma y tiene una
misión escatológica principal, ya que en su segunda venida a la tierra al fin
de los tiempos y antes de que se instaure el Reino de paz del que será rey,
deberá hacer desaparecer del mundo la figura del Anticristo, figura del mal y
profeta mentiroso que intentará apartar a los verdaderos creyentes de la fe.
Sólo Jesús tiene la misión de derrotarlo permitiendo así la salvación de los
fieles.
Desde la
mentalidad islámica inspirada en el Corán la concepción trinitaria de Dios y la
profesión de fe en la divinidad de Cristo resultan absolutamente inadmisibles
porque, según el Corán, Dios es uno, único e incompatible con la versión
trinitaria del mismo y la presunta condición divina de Cristo. La explicación
de estas tesis cristianas fueron motivo de peleas a veces cruentas dentro de
las fronteras cristianas y el Corán trató de eliminar esas luchas afirmando la
unicidad de Dios y negando abiertamente la presunta condición divina de Cristo.
En contrapartida, se le otorga a Cristo un lugar preferencial como profeta
junto a Mahoma al que se le niega igualmente cualquier atributo divino. Por
otra parte, al examinar el texto religioso coránico se afirma tajantemente que
el islam es la última revelación que rectifica al evangelio y a S. Pablo. En
consecuencia, el islam es considerado como la única revelación verdadera de
Dios. Por su forma de comportarse, el judaísmo y el cristianismo son
considerados por el islam como desviaciones de la revelación verdadera. Según
el islam, insistió la ponente, judíos y cristianos habrían tergiversado las
Escrituras, pero en el Corán hay versiones contradictorias sobre este tema. Con
el Corán se pretende corregir la Biblia pero, paradójicamente, incurriendo en
contradicciones. La ponencia consistió en una exégesis minuciosa de textos
coránicos relacionados con la figura de
Jesús y el cristianismo. Intentaré hacer una síntesis de los tópicos más
destacados.
El islam
se incardina en la tradición semita y de Abraham plasmada en la religión del
Antiguo Israel, la cual se transforma después en el judaísmo posterior al
exilio y en el cristianismo. Ahora bien, el cristianismo introdujo una novedad
importante que consistió en hacer del estricto monoteísmo judío una visión
familiar de la divinidad expresada en el misterio de la Trinidad. Por una parte
el islam tuvo la impresión de que se destruía la unidad de Dios introduciendo
el presunto carácter divino de Jesús. Otro aspecto novedoso habría sido la
aceptación cristiana de la “muerte del justo” como expiación y redención. El
islam no acepta bajo ningún concepto que Jesús, el Justo, presuntamente Hijo de
Dios, muera en una cruz como un villano. El Corán niega a Jesús la divinidad lo
mismo que a Mahoma. Igualmente se niega la muerte de Jesús en la cruz. Todo lo
que se cuenta sobre la crucifixión habría sido sólo un simulacro de humillación
tras el cual Jesús fue arrebatado junto a Dios. El Corán otorga a Jesús un
lugar de privilegio entre los profetas, admite su generación milagrosa y la
virginidad de María su madre. Incluso le confiere una presencia en los momentos
importantes de la vida de los musulmanes como, por ejemplo, el tránsito a la
otra vida o su intervención al final de los tiempos. A pesar de estas
semejanzas la ponente advirtió que las desemejanzas entre el cristianismo y el
islam son muy profundas. Textualmente: “La imagen que el cristianismo presenta
ante el islam no solo responde poco al sentido evangélico profundo, sino que a
lo largo de las relaciones entre ambos espacios religiosos esa misma imagen de
forma intermitente”. El cristianismo en general y S. Pablo en particular, en
opinión del islam, habría tergiversado por completo la revelación divina para
cuyo correctivo habría surgido Mahoma como garante de la última y verdadera
revelación.
A pesar
de todo, insistió la ponente, “lo cierto es que el tratamiento de la figura de
Jesús en el Corán y en la tradición profética está marcado por su reconocimiento
muy respetuoso como profeta. Jesús, como profeta verdadero, se enfrentó con sus
parientes y allegados por la decisión de seguir los dictados de Dios. Ya desde
su nacimiento Jesús va a sufrir persecución y él mismo se defiende y defiende
la honradez de su madre con el respaldo de Dios. Pero por muchas virtudes y
atribuciones proféticas que se le atribuyan a Jesús como profeta, en el Corán
Jesús es un mero precursor de Mahoma. En algún texto coránico se le reconoce a
Jesús como enviado, espíritu y palabra de Dios pero, en realidad, lo que se
afirma es sólo y únicamente eso y bajo ningún concepto que sea Hijo de Dios en
el sentido cristiano de la expresión. Dijo la ponente que Jesús aparece citado
en el Corán treinta y cinco veces. Algunas de esas citas están relacionadas con
la crucifixión, la cual, como he dicho antes, sólo habría sido un simulacro
desde el punto de vista islámico.
En la
proclamación absoluta de la Unicidad divina propuesta por el islam cualquier
equiparación de otro ser con Dios es considerada una abominación y una
blasfemia, La identidad de Dios es la del Todo Otro, de manera que
cualquier criatura es esencialmente diferente de Dios y no puede asemejársele o
ser asociada a Él. De ahí la prohibición estricta de representaciones de la
divinidad con forma humana susceptible de ser confundida con los ídolos. La
naturaleza de Dios es totalmente diferente de la naturaleza de todo lo creado.
Por lo mismo, si el islam niega a Mahoma cualquier atributo divino, con mayor
razón habrá de negárselo a Jesús el cual, por muy respetable que sea como profeta,
es considerado siempre como un precursor de Mahoma.
En el
islam la figura de Jesús aparece relacionada también, incluso en sus atributos
físicos, con el Anticristo. Frente a un
hombre hermoso, como el Mesías, el Anticristo es presentado como el colmo de la
fealdad tuerto y deformado. En el fin de los tiempos tendrá lugar la segunda
venida del Mesías quien, tras haber derrotado al Anticristo, reinará sobre la
tierra. En ese reinado el cerdo desaparecerá por ser un animal impuro, quedará
destrozada la cruz como signo de que a ningún justo se lo someterá a tormento.
Más aún. Quedará anulado el impuesto religioso islámico y se repartirán las
riquezas entre todos los hombres. Se instaurará un tiempo de justicia absoluta
y las religiones quedarán abolidas para que todo sea sometido a Dios y reine la
paz sobre toda la tierra. En este contexto la figura de Jesús como Mesías y la
del Anticristo aparecen estrechamente relacionadas. El Anticristo es presentado
como representación del mal con significado escatológico. Por último, digamos
que los místicos musulmanes prestan gran atención a la figura de Jesús como
modelo de pobreza y alejamiento del mundo. También por sus enseñanzas, poderes
taumatúrgicos y su espíritu de oración y confianza en Dios.
A esta
intervención siguió un diálogo muy clarificador entre el público y la ponente.
Alguien suscitó la cuestión sobre la imagen de Jesús como libertador para el
islam. La respuesta fue breve y precisa. Jesús aparece como modelo de profeta
comprometido con los pobres pero jamás como redentor en el sentido
cristiano de la palabra. Este concepto no tiene cabida en el islam una vez que
ha rechazado frontalmente la muerte de Jesús como “justo”. Como queda dicho, la
muerte de Jesús, tal como es descrita en los evangelios, sería solo un
simulacro y no un acto de redención. Ni hay contradicción en que el islam
pronostique la destrucción de la cruz al final de los tiempos cuando ni
siquiera cree en ella. Lo que realmente pretende el islam es que desaparezca la
cruz como símbolo de tortura, al modo como demoniza al cerdo como símbolo de la
impureza. El uso de los símbolos forma parte de la dinámica de todas las
religiones y el islam no es una excepción. Sobre la redacción del Corán la
ponente insistió mucho en que, para su comprensión, hay que tener en cuenta que
la cultura árabe era esencialmente oral y de ahí la dificultad que supuso la
fijación progresiva del texto coránico escrito que nos ha llegado a nosotros
así como su estudio exegético. Por otra parte en la redacción del Corán ha
habido mano política con la intención explícita de cortar por lo sano las
controversias producidas en el seno del cristianismo y del judaísmo y tener
bien amarrados a los partidarios políticos. Respondiendo a una pregunta sobre
el final de Mahoma la ponente respondió que, según el islam, Jesús y Mahoma
aparecerán al final de los tiempos competitivamente juntos apoyando a sus
seguidores respectivos.
A la
pregunta sobre si en el islam se habla de Mesías o del
Mesías, respondió que el término Mesías sólo
se refiere al hijo de María sin más atributos de origen. Sin olvidar que el
mesianismo coránico tiene como colchón de fondo al dualismo zoroástrico y las
violentas disputas cristológicas entre los cristianos. El islam quiso que el
Corán cortara por lo sano esas luchas entre los herejes cristianos. En esta
voluntad de pacificación se refleja la influencia clara y directa de esos
grupos en guerra. ¿Solución preventiva para el islam? Políticamente hablando,
atajar con el Corán esas peleas surgidas de las discusiones teológicas
cristianas. La ponente se manifestó convencida de que en la redacción e
interpretación del Corán hubo un deslizamiento de lo religioso a lo político
después de la muerte del Profeta. Según ella, Mahoma no fue un hombre de Estado
sino un jefe tribal que hacía recomendaciones espirituales. En consecuencia, él
personalmente habría fundado una comunidad religiosa y no un Estado
políticamente hablando. El deslizamiento hacia la política y el poder vendría
después de su muerte. Por otra parte, el lenguaje religioso es analógico.
Esto significa que el paraíso simboliza religiosamente lo mejor entre lo peor
para los hombres. El infierno, por el contrario, lo peor imaginable. Tanto en
el cristianismo como en el islam se recurre a estas estructuras imaginativas
para que la gente entienda. El coloquio terminó con una serie de preguntas
morbosas sobre la mujer, el demonio, el mal y el anticristo según las creencias
islámicas.
9. El ecumenismo
Abrahámico
Según el programa impreso del curso correspondía
al profesor Juan Pablo García Maestro, teólogo y profesor de la Universidad
Pontificia de Salamanca, desarrollar el tema “Encuentros y desencuentros entre el cristianismo y el islam. La época
del divorcio”. No pudo hacerlo por razones coyunturales de salud
pero la profesora Lucía Ramón Carbonell aceptó gentilmente sustituirle
improvisando una bella alocución en la que destacó la idea sugerida en el
título. Lucía Ramón Carbonell es Licenciada
en Teología, Master en Filosofía y profesora de la "Cátedra de las Tres
Religiones" de la Universidad de Valencia. También de la Escuela de
Teología Feminista de Andalucía y de Filosofía y Religión en el Colegio San
José de Calasanz de Valencia. Como ideas troncales de su improvisada y animada
exposición cabe destacar las siguientes.
Más que hablar de Jesús presentó un marco
diálogo constructivo entre cristianismo, judaísmo e islam a partir de la figura
del patriarca Abraham como lugar de encuentro, en la línea de lo que se
denomina ecumenismo abrahámico. La fe en Jesús, dijo, nos une y nos separa y
habría que poner más el acento en lo que nos une con el judaísmo y el islam,
como es la figura de Abraham. Por otra parte, matizó, se tiene hoy la impresión
de que las religiones monoteístas no contribuyen satisfactoriamente a la paz
del mundo y a veces son ellas mismas las que estimulan los conflictos. Por ello
es urgente investigar a fondo y con sentido crítico las bases de estas tres
grandes religiones repensándolas desde Abraham como lugar de encuentro con el
fin de evitar los exclusivismos y los fanatismos. La ponente insistió mucho en
la utilidad de acudir a este personaje bíblico del que tanto el judaísmo, el
cristianismo como el islam son herederos comunes. Como hijos de Abraham cabe
pensar que sería más fácil superar la historia, a veces sangrienta, de las
relaciones entre las tres grandes religiones monoteístas en el pasado.
Para avalar su tesis, la ponente se refirió
a otros personajes bíblicos que podrían resultar también útiles en el diálogo
constructivo y pacífico, pero centró la atención principalmente en los rasgos
ecuménicos del patriarca Abraham. Por ejemplo, destacando el modelo de fe
inquebrantable en el Dios único en las circunstancias y momentos más crudos y
desconcertantes de su vida sin caer en la intolerancia contra las diversas
formas de expresar la fe. Abraham sería también un modelo a imitar por su forma
de rechazar las diversas formas de idolatría actual como el culto al dinero, al
sexo o al racismo. Abraham fue un creyente coherente con su fe sin caer en el
moralismo ni en el cumplimiento idolátrico de los preceptos cultuales. Este
gran hombre fue justo porque terminó confiando incondicionalmente en Dios y no
en el cumplimiento material de los actos religiosos prescritos. Tampoco se sintió
propietario excluyente de la fe en Dios sino que se guió por la fe con temor y
temblor. Esta actitud abrahámica está en la base del judaísmo, cristianismo e
islam, por lo que sería muy positivo tomarla como un lugar de encuentro para
mejorar y eventualmente modificar actitudes lamentables por parte de las tres
confesiones religiosas más influyentes del mundo. La ponente insistió en que
sería bueno recuperar las figuras de Ismael, Agar y Sara ya que todas ellas se
hallan bajo la protección de Dios y, en consecuencia, desacreditan la tentación
exclusivista por parte del judaísmo y de los cristianos. Por parte cristiana,
la relectura de la figura de Jesús desde la figura de Abraham ayudaría mucho a
evitar el dogmatismo y el exclusivismo dejando todas las puertas abiertas a
Dios, incluso para aquellos que en algún momento fueron excluidos.
La ponente dijo que convendría reactivar y
no olvidar la Declaración Nostra Aetate del
Concilio Vaticano II, en la que se habla de los musulmanes como los hombres y
mujeres “que procuran someterse con toda el alma a los ocultos designios de
Dios, como se sometió Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia”.
En la conmemoración de Abraham “Nuestro Padre en la fe”, celebrada en Roma el
23 de febrero del año 2000, el Papa Juan Pablo II recordó que “Dios omnipotente
estrechó en la fe de Abraham una alianza eterna con el género humano y
Jesucristo es su definitivo cumplimiento”. Estas palabras vienen a confirmar la
conveniencia de recuperar la figura de Abraham como lugar de encuentro fraterno
entre judíos, cristianos y musulmanes. En
la tarde del segundo día del encuentro tomé yo mismo la palabra para explicar
el significado de la Biocristología.
Este término resultó novedoso y chocante
pero no faltó de interés. En el capítulo III explico el significado de
este neologismo cristológico.
10. Mesa Redonda y
cierre del curso
José
Antonio Fernández, teólogo y analista de asuntos latinoamericanos, no pudo
moderar esta sesión como estaba previsto, y en su lugar lo hizo la joven
licenciada en teología Mari Enrique Belvis. Los protagonistas del debate fueron
Javier Fernández Vallina, Miguel Ángel
Medina y Montserrat Abumalham. El primero hizo unas matizaciones importantes a
tener en cuenta en el diálogo con el judaísmo. Por ejemplo, que la diversidad
es hoy día un signo notable de su identidad. En el judaísmo moderno hay
creyentes, agnósticos, ateos, fundamentalistas y laicos de solemnidad. Hay
también fuertes luchas internas entre ortodoxos y laicos pero nadie entre los
judíos discute sobre la ortodoxia religiosa para entenderse entre ellos y
existe de hecho la crítica interna, lo cual no es poco. Sobre el diálogo
intercultural con el judaísmo dijo que no ha sido eficaz hasta ahora por falta
de fiabilidad entre las partes en litigio. Para resolver este problema de la
fiabilidad habría que revisar nuestras formas de usar los textos religiosos y
más aún el manejo de lo que se denomina memoria histórica. ¿Qué es la memoria
histórica y para qué queremos resucitarla? Fernández Vallina puso en duda
incluso la voluntad de consenso en materia religiosa.
Miguel
Ángel Medina dijo que hay que potenciar el diálogo religioso y para ello
propuso a Jesús como lugar de encuentro sin deformar las propias convicciones
personales. O lo que es igual, desde más allá del tiempo y el espacio en lugar
de jalearnos a nosotros mismos desde las respectivas confesiones. Para ello,
insistió, nada mejor que adoptar a Jesús como referente y lugar de encuentro. Y
explicó por qué Jesús y no otro. El diálogo religioso tiene que llevarnos a
entrar en una era nueva en la cual Jesús nos ha introducido con su resurrección.
A partir de la resurrección de Jesús tiene pleno sentido hablar de tierra
nueva, cielos nuevos y de nueva creación. El gran fallo de los judíos consistió
precisamente en haber rechazado a Jesús como Mesías.
De ahí que desde la perspectiva judía el mundo permanece irredento.
Por otra parte, Jesús desnacionalizó a
Dios. Lo cual significa que Dios y sus bienes prometidos no son patrimonio
exclusivo de los judíos sino de toda la humanidad. Medina apostó por un nuevo
concepto de la Escritura asumiendo con normalidad la Biblia integral sin
marginar lo que se denomina el Viejo Testamento. Eso sí, la Escritura ha de
entenderse en sentido dinámico y no como algo para ser obedecido sin margen
para el diálogo. Igualmente habrá que asumir la penitencia y el perdón de los
pecados en el proceso de maduración personal. Por estas y otras muchas razones,
insistió, Jesús es un referente ideal para suscitar y potenciar el tan deseado
diálogo entre las tres grandes religiones monoteístas.
Montserrat Abumalham insistió una vez más
en que Jesús tiene una presencia relevante en el islam pero se presta más
atención al Anticristo como personificación del mal. A pesar de todo hay que
potenciar el diálogo con los musulmanes sin olvidar que las diferencias entre
la cultura occidental cristiano y el islámico son muchas y profundas. Cabe
pensar incluso que no hay respuesta a esas diferencias. Preguntada sobre el
“choque de civilizaciones” y la “alianza de civilizaciones” como posibles
soluciones al problema, respondió que lo religioso no es negociable y que sólo
es posible llegar a consensos desde la ética y no desde las creencias
religiosas. Se podrá llegar a un acuerdo, por ejemplo, sobre no matar. Pero no
desde un cambio de creencia religiosa. Otro ejemplo puede ser la poligamia. En
el mundo islámico, dijo, la mayoría es monógama. La monogamia es negociable
ética y socialmente pero no en el ámbito religioso. La poligamia, en efecto, es
un asunto religioso en el islam y como tal es innegociable. Tampoco se mostró
partidaria por el modelo de ecumenismo abrahámico propuesto por la profesora
Lucía Ramón Carbonell ya que es también excluyente. Hay que dialogar con todos
pero cuando se introduce el factor religioso aumentan las dificultades de
entendimiento. En cualquier caso hay que evitar siempre tratar de imponer las
propias creencias religiosas a los demás, sean estos creyentes o no creyentes.
Contra todas las previsiones el diálogo
final resultó muy interesante y animado. El diálogo interreligioso es muy
difícil en la práctica pero todos los asistentes estaban convencidos de que es
necesario. Por encima de esas dificultades intrínsecas a las religiones en sí
mismas hay que buscar lugares comunes de encuentro para hablar de forma
razonable y civilizada. Por ejemplo, apuntó alguien, aquellas formas de pensar
y vivir hostiles que afectan a los credos religiosos judío, cristiano e islam
al mismo tiempo como el relativismo posmoderno. Aquí tendríamos un enemigo
común contra el cual deberíamos unirnos.
Abumalham respondió que la mentalidad
relativista contemporánea contra ciertos valores religiosos considerados
perennes tiene una importancia también muy relativa y, por otra parte, las
grandes declaraciones procedentes de las instituciones religiosas suelen ser
muy bonitas pero casi o nada eficaces. El profesor Vallina replicó que esas
declaraciones sí son útiles cuando nuestras formas de dialogar son
pedagógicamente correctas. Por ejemplo, no exigiendo que un judío acepte por
principio a Jesús como Mesías Hijo de Dios. O que perdone a sus enemigos. El
perdón en el judaísmo ha sido y sigue siendo una gran asignatura pendiente
desde el punto de vista cristiano. Por el contrario, la compasión es un
concepto sensible y aceptable por judíos, cristianos y musulmanes. Medina
matizó que, efectivamente, no podemos exigir por principio a los demás que
comulguen con nuestras creencias. Pero esto no autoriza a que las desvirtuemos
pragmáticamente. Tal vez podríamos salir de este atolladero preguntándonos
todos, judíos, cristianos y musulmanes, cual es el designio de Dios común para
las tres religiones.
Alguien replicó que, aunque parezca lo
contrario, el diálogo religioso marcha a ritmo muy lento pero avanza. El
diálogo es lento pero va adelante. Se citaron casos en los que esos documentos
magistrales de la Iglesia son leídos y tenidos en cuenta como contribuciones de
calidad. El problema está en cómo evitar que esos documentos sean publicados de
forma impositiva y no como propuestas lúcidas para que sean aceptadas de una
forma libre y responsable. Así las
cosas, se sugirió que habría que centrar el diálogo en la ética y no en la
religión. Pero las éticas, replicó Abulmaham, están condicionadas también por
las religiones por lo que habría que separar la religión de la ética. Para
ilustrar su discurso trajo a colación la Carta Magna de la ONU sobre los
Derechos Humanos. Este documento podría ser una vía de solución ya que no está
vinculada a ninguna confesión o creencia religiosa concreta. Pero esto fue sólo
una estrategia política que no ayuda a resolver las dificultades inherentes al
diálogo religioso en sí mismo. Por otra parte, actualmente existe una
desconfianza generalizada en las jerarquías religiosas e intelectuales.
Tratándose del islam, se reconoce más prestigio y autoridad a los poetas que a las
instituciones religiosas, políticas o intelectuales.
Alguien abundó en esta cuestión diciendo
que tenía la impresión de que la Jerarquía eclesiástica no se implica en la
miseria humana. Se echa de menos, dijo, la denuncia profética sobre las
injusticias sociales. La Jerarquía eclesiástica se estaría ocupando
exclusivamente del poder administrativo. Luego generalizó y dijo que no conocía
a ningún líder religioso actual, judío, musulmán o católico desinteresado de la
administración y comprometido con la denuncia profética de la injusticia.
Diríase que en lugar de hablar de la oveja perdida del evangelio habría que
hablar ahora de los pastores perdidos. Por si esta esto fuera poco, otro de los
presentes dijo la gente está cansada de las instituciones eclesiales así como
de los conflictos político-religiosos en Palestina, España y otras partes del
mundo. Lucía Ramón se dio por aludida y recordó la parábola de los pastores
perdidos del profeta Ezequiel para reafirmarse en la validez de su tesis del
modelo de ecumenismo abrahámico para la reconciliación del género humano y de
las tres religiones monoteístas. Recordó también la conveniencia de tener más
en cuenta la Declaración Nostra aetate
del concilio Vaticano II. Un documento éste, a su juicio, casi olvidado en el
diálogo religioso. Igualmente se mostró partidaria de la intensificación del
diálogo teológico.
Me llamó mucho la atención la forma en que
un participante opinó rechazando cualquier apelación a Dios para garantizar los
frutos del diálogo religioso como si esa apelación implicara necesariamente una
imposición de creencias contra los legítimos fueros de la razón. La respuesta
por parte de Medina no se hizo esperar recordándole una vez más que no se trata
de que judíos, cristianos y musulmanes pretendan imponerse mutuamente sus
correspondientes creencias sino de poner sobre la mesa el designio común de
Dios sobre las tres confesiones para proyectarlo después a favor de los demás.
Al final del debate se puso de manifiesto el riesgo de caer en el fideísmo
religioso por una parte, y del racionalismo por otra. En cualquier caso
prevaleció la opinión de que, a pesar de la existencia de esos extremos, se ha
avanzado mucho en el conocimiento de la figura de Jesús cuyo mensaje esencial
tiene una aceptación creciente al margen de las creencias religiosas poco
fundadas y de las eventuales descalificaciones de las instituciones eclesiales.
Todo parece indicar que la figura de Jesús está por encima de las miserias
humanas y los conflictos entre creyentes o no creyentes.
Pero todo lo que se empieza llega a su
término y había que dar por finalizadas estas jornadas. Según Manuel Reyes Mate
se habían desarrollado en un lugar emblemático y del modo más adecuado, a
saber, en la ciudad natal de santa Teresa, de ascendencia judía indiscutible; y
en el convento de santo Tomás, fundado por Torquemada. Y todo ello, paradójicamente,
en un contexto de respeto y libertad envidiable entre las tres grandes
religiones monoteístas concernidas. Reyes Mate insistió una vez más en que el
impacto de la religión en la vida pública es un hecho ante el cual no podemos
pasar de largo. Es verdad que, según el uso que se haga de ellas, las
religiones se prestan para lo mejor y para lo peor. Pero el ideal de la paz
resulta prácticamente imposible sin las religiones y desde la cátedra Sto.
Tomás se aporta el material indispensable para la construcción de una sociedad
más justa y feliz. Felicísimo Martínez matizó que la figura de Jesús da mucho
más de sí pero que lo más importante de estas jornadas es que contribuyen a
conocernos mejor dialogando libre y respetuosamente. Por supuesto que hay que
ir mucho más lejos abordando cuestiones concretas comprometedoras pero todo se
andará. Todavía ha predominado la actitud de aleccionar a los interlocutores
sobre el gusto por preguntar y escuchar puntos de vista no compartidos sin
perder los nervios. Pero se ha estimulado el deseo de continuar en el camino
emprendido lo cual es un motivo de satisfacción y agradecimiento a todas las
personas y entidades que hicieron posible la celebración de estas jornadas.
Unos, replicó Marcos Ruíz, hicieron de “chasis” y otros de motor.
11.
Reflexiones finales
A título personal me parece oportuno hacer
algunas matizaciones sobre el enfoque y contenido de las ponencias. En primer
lugar cabe destacar que predominó el enfoque biocristológico por parte
cristiana con muy escasa atención a la lectura de la figura de Jesús
transmitida durante veinte siglos por el Magisterio oficial de la Iglesia. El
trasfondo general de la mayoría de las intervenciones fue la conocida y discutible teoría del Cristo de la
fe y el Cristo de la historia. Por otras parte, este año, como el año pasado,
quedó flotando la impresión de que la única que reconoce presuntos errores y
está dispuesta a rectificarlos es la Iglesia Católica, ¡como si judíos y
musulmanes no hubieran roto jamás un plato ni tuvieran nada que corregir o
rectificar en sus creencias y formas de conducta con el cristianismo y la
entera humanidad! Ya Felicísimo Martínez advirtió al final del encuentro del
2007 sobre el riesgo de tropezar eternamente en la misma piedra en el sentido
de que los judíos se declaran
metodológicamente víctimas crónicas y los musulmanes incomprendidos y
torpedeados por judíos y cristianos. No
obstante, me es grato destacar la intervención de Roly Silversztein denunciando
con extremada delicadeza y sin complejos las calumnias vertidas en el Talmud
contra la figura de Jesús y de su madre María. Confieso que es la primera vez
que he oído en público a un judío de cuerpo entero reconocer y rechazar un
gesto de mala conducta contra Jesús por parte de los judíos. De cara al futuro
próximo de estos encuentros pienso que hay que dejar ya a un lado las disputas
y los enfrentamientos del pasado para centrar la atención en aquellos aspectos
que en el presente siguen impidiendo la comprensión y promoción de la calidad
humana en las relaciones inter-confesionales y con la entera humanidad.
Mientras los fundamentalismos religiosos, la represión de la libertad
responsable de expresión religiosa y violación de derechos humanos
fundamentales sigan operantes, las religiones monoteístas no pueden seguir
perdiendo el tiempo en disquisiciones teológicas inútiles y recuerdos
desagradables del pasado.
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